El último viaje de Kennedy (2 de 3)

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Estados Unidos era un valle de lágrimas, en la antesala de la Navidad de 1963, tras el anuncio de la muerte de John Fitzgerald Kennedy, y Dallas, -la ciudad donde fue asesinado el mandatario- como todo el Estado de Texas- estaba llena de vergüenza.

El reloj marcaba las 12:30 de las tarde, cuando Kennedy fue alcanzado por dos de tres disparos de un fusil italiano, Carcano 6.1 milímetros, mientras saludaba con su sonrisa característica a la multitud que lo aclamaba, a todo lo largo de un recorrido por el centro de la hermosa ciudad de Dallas.

Las cadenas de televisión concentraban sus coberturas, en la histórica visita. Un primer avión carguero aterrizaba en el aeropuerto Love Field de Dallas, con un Ford Lincoln Continental, azul, a bordo, la limusina del más carismático mandatario de la potencia del planeta.

Varias damas esperaban, en la terminal, con rosas rojas y amarillas para entregar a la primera dama, Jacquelin Kennedy. La policía había rodeado el aeropuerto, mientras un amplio patrullaje policial caracterizaba el ambiente en toda la ciudad.

Solo trece minutos se tomó el Air Force One, desde Fort Worth, al aeropuerto Love Field, de Dallas, donde aterrizó, imponente, a las 11:50 de la mañana.

“Acaba de tocar tierra el Air Force One, que con su sello en el costado trasporta al Presidente de los Estados Unidos, Una imagen preciosa”, dice el presentador.

Y sigue narrando el ambiente: “He ahí a la señora Kennedy. Ahí viene el Presidente de los Estados Unidos”.

Sonriente, el mandatario se confunde con la multitud y saluda, junto a su esposa, a casi todo el que quiere tocarlo. La gente, muy alegre, está sobre Kennedy.

El Presidente aborda la limusina presidencial, azul, descapotada, junto a su esposa Jacqueline; el gobernador de Texas, John Bowden Connally, y su esposa, la señora Connally.

El recorrido empieza a las 11:55 hacia el centro de Dallas. Unas diez mil personas esperan con euforia en calles, balcones y ventanas.

William Robert Greer, chofer del carro presidencial, gira hacia la calle Houston esquina Elm Street para dirigirse por el paso subterráneo del ferrocarril, con el fin de llegar al Fray Mall donde esperan al Presidente para un acto especial.

Justo, frente a la plaza Dealey, la señora Connally, esposa del gobernador, le comenta al mandatario: “Usted ve Presidente que la gente le quiere aquí, en Dallas”.

Y es en ese preciso momento cuando un disparo toca una rama de roble y se desvía hasta alcanzar al exagente James Tague quien miraba la caravana debajo del puente del tren.

Un segundo proyectil impacta a Kennedy por la espalda, pasándole por la garganta y hiere al gobernador John en el hombro, el pecho, la muñeca y le sale por la pierna derecha.

El presidente Kennedy se lleva la mano al cuello con signos de agonía y dolor en el rostro y su esposa Jaqueline exclama: ¡Han disparado contra mi marido!

Lleno de sangre, el gobernador de Texas, John Bowden Connally, quien va en el asiento delante de Kennedy grita: ¡Dios mío, nos van a matar a todos!

Un tercer disparo hace blanco en la cabeza del Presidente. La primera dama trata de ayudarlo y grita: ¡Mi marido está muerto. Tengo su cerebro en mis manos!

Desesperada, horrorizada, Jackie sube hacia el baúl del auto, pero el agente Clint Hill sube a la limusina y evita que la primera dama, fuera de su control, salga disparada del Lincoln Continental que acelera y desparece.

Es lo que se aprecia en la filmación de 26.6 segundos de Abraham Zapruder, un sastre de Dallas, que hizo fama por haber grabado, desde un plano privilegiado, el momento fatal del Presidente que se había ganado el cariño de América y casi todo el mundo.

Quienes estaban en sintonía con CBS News eran testigos del mayor acontecimiento en la historia de la televisión, cuando a las 12:30, la cadena coloca el bomper. The World Tuuns (Como el Mundo Gira). Un boletín patrocinado por almidón Niágara.

Avance informativo de CBS News. “Han efectuado tres disparos contra la caravana del Presidente, en pleno centro de Dallas. Los primeros informes indican que el presidente Kennedy ha resultado gravemente herido por los disparos. Sigan sintonizando la CBS, pronto les daremos más detalles”, decía el afamado periodista Walter Cronkite.

“Atención a todas las unidades. Al hospital, al hospital Parkland. He oído tres fuertes disparos. Parecía justo encima de mi cabeza”. Se escuchaba por las unidades de radio de la policía de Dallas.
¡Atención a todos los equipos de emergencia manténgase pegados en la entrada de urgencia del hospital Parkland!. –Se escucha otra orden–

“Hace apenas unos minutos que han metido al Presidente. Lo sacaron del carro y lo colocaron en una camilla. Estaba inmóvil, la primera dama iba inclinado sobre él, llorando”, narraba un periodista.

Quince minutos después de los disparos, la CBS emite otro boletín para la historia. “Buenas tardes, señoras y señores -dice, anudado, el periodista- disculpen si me falta el aliento, pero todo parece indicar que hace unos diez o quince minutos, una gran tragedia ha ocurrido en la ciudad de Dallas. Permítanme que se lo lea. Y perdonen si me falta el aliento, reitera.

El teletipo –comenta- lo remite Unite Press Internacional, desde Dallas. Y dice así: El presidente Kennedy y el gobernador Connally han sido alcanzados por dos balas asesinas en pleno centro de Dallas.
Viajaban –explica– en un coche descubierto, cuando fueron tiroteados. El Presidente estaba tendido en los brazos de su esposa, Jacquelin. Ha sido llevado al hospital Parkland.

Ahora con su permiso, continúa diciendo el comunicador, daré algunas indicaciones y pensaremos qué vamos a hacer en los próximos minutos.

Boby, –dice– quiero que lo grabes todo, especialmente la entrevista con los testigos presentes. ¿Lo estás grabando? –le pregunta al director–

Y, empieza una conversación que quedó registrada para la historia con un testigo de primera, el joven Bill Niwman, de 22 años, acompañado de su esposa y sus dos pequeñitos de dos y cuatro años. Se trata de la pareja que aparece en varios videos, con sus dos pequeñitos, abrazando el suelo en la peor emergencia que vivía la potencia de la tierra.

“Cuando el carro estaba justo al frente, el que venía detrás de nosotros (se refería al disparo) alcanzó al Presidente en la sien”, decía el testigo.

¿Vieron emanar sangre de la cabeza del presidente? –pregunta el periodista
–. Y el testigo responde: “Sí, es lo que vimos”.

Una hora después de las heridas al mandatario, el mundo se enteraba de la noticia más amarga: “Dos sacerdotes que estaban con Kennedy acaban de afirmar que ha muerto el Presidente”, decía la WBBAP.
Seguiremos dándoles informaciones, pero ahora con gran pesar voy a repetir esta última noticia, –dice el comunicador–. “Damas y caballeros, el Presidente de los Estados Unidos ha muerto. John F. Kennedy acaba de fallecer a consecuencia de las heridas que le han producido los disparos recibidos en Dallas, hace menos de una hora. Repito, acaban de comunicarnos que el presidente Kennedy ha muerto”.

¿Qué decidió de inmediato, el vicepresidente Lyndon B. Johnson?. ¿Quién disparó contra Kennedy?. ¿Qué ocurrió en Air Force One, el avión presidencial, donde se trasladaría el cadáver del mandatario? ¿Qué ocurrió con el supuesto asesino? Las respuestas las tendrán en la tercera y última entrega de esta serie El último viaje de Kennedy.