El uso irresponsable de la libertad es tan nefasto como la represión

17_03_2017 HOY_VIERNES_170317_ El País12 B

El periodista Miguel Guerrero cuestionó la vulgaridad y la falta de límites que impera en programas que se difunden en medios electrónicos de la República Dominicana.
En una carta dirigida al director de este diario, Bienvenido Álvarez Vega, plantea los riesgos de esa conducta en el contexto de la libertad de expresión
A continuación, la carta íntegra de Guerrero:
“Aunque parezca una letanía, quiero referirme a un tema sobre los medios que a muchos pudiera parecerle insustancial, a pesar de su trascendencia.
“Los excesos son malos en cualquier actividad de la vida humana. Pero cuando incurren en ellos personas llamadas supuestamente a ser entes de moderación, creadores de opinión u orientadores como maestros y periodistas, se convierten en pecados capitales.
“De un tiempo a esta parte, se han venido perdiendo los frenos en algunos medios de comunicación electrónicos, con gente que no mide el alcance de sus comentarios ni de las obscenidades de todo tipo que vociferan sin el menor recato y con un desprecio absoluto a las buenas costumbres.
“Esta falta de respeto al público, plantea nuevamente el tema de la fijación de los límites de la responsabilidad de la prensa, cuyo debate en mi opinión ha sido dilatado por los propios medios.
“Las palabrotas que se escuchan diariamente en programas de radio, e incluso de televisión, y las acusaciones y menciones peyorativas de personalidades de la vida pública y privada del país que sin justificación alguna son citadas con una frecuencia pasmosa, violando su derecho a la privacidad, desbordan todos los límites. La búsqueda de ratings y el afán de figuración están dejando atrás la responsabilidad que el uso de un micrófono y un espacio televisivo exigen.
“No trato de enjuiciar la labor de profesionales en el ámbito en el que con mediana capacidad me desenvuelvo. Lo que trato es de llamar la atención sobre un problema que atañe directamente al periodismo dominicano.
“La situación a la que me refiero terminará, algún día, de forma brusca, ya sea por una intervención gubernamental o con una especie de reclamo de honor. Cualquiera de ambas sería lastimosa y sentaría un precedente funesto, que luego los gobiernos emplearían cada vez que encontraran necesario acallar o mediatizar la labor de la prensa.
“Los medios de comunicación deben fijarse por derecho propio las limitaciones que la ley, el buen sentido y el derecho a la buena reputación hacen obligatorias. Si dejamos esa decisión a la autoridad o a cualquier fuerza ajena a la prensa, estaríamos condenándola de antemano.
“La fijación de esos límites corresponde pues a los propios periodistas y comunicadores. Son éstos quienes deben establecer las líneas entre las cuales se debe realizar un ejercicio responsable, útil a la sociedad.
“Eludir esta responsabilidad pone en peligro el clima mismo en que se desenvuelve la prensa, por cuanto para nadie es un secreto que la intolerancia vocacional de la autoridad pública no precisa de muchas razones para hacerse sentir. Ejemplos que lo avalan sobran en estos tiempo.
“La intolerancia, por lo demás, no es potestativa de los gobiernos, los partidos y sindicatos, o las organizaciones sectarias que se desenvuelven en otras áreas de la actividad humana. Es común también al periodismo. Algunas de las obscenidades que se escuchan o presencian en nuestros medios de comunicación, son muestras inequívocas de ello.
“La experiencia nacional enseña que la defensa de la libertad de prensa demanda de una vigilia permanente. Creer que el peligro sólo proviene de la vocación arbitraria del gobierno es una miopía. El uso irresponsable de la libertad es tan nefasto como la represión que tan frecuentemente se ejerce contra ella.
La vulgaridad como estilo. “La vulgaridad se está convirtiendo en un estilo y norma de la radio y la televisión dominicanas. A ella recurren personas con suficiente capacidad e ilustración para desenvolverse con éxito en esos medios.
“Y ese es precisamente el peor de los legados que este absurdo proceder nos deja. Algunos dicen que la tendencia está marcada por las preferencias del gran público y yo no creo que esto sea cierto. La verdad es que esta forma de comunicación enrarece el ambiente y desprestigia la prensa nacional. Otros países han pasado por una experiencia similar.
“Para evitar intromisiones peligrosas de la autoridad pública en el ámbito del ejercicio de la libertad de expresión, en algunos países los propios medios se vieron en la necesidad de imponerse normas.
“Tal es el caso hace años de España, aunque allí las extravagancias radiales y televisivas no alcanzan, justo es reconocerlo, los niveles de irrespeto al público que aquí hemos logrado. Los responsables de los medios españoles acordaron limitar la difusión de mensajes y filmes con altos contenido de obscenidad, violencia, sexo y droga, a horarios fuera del alcance de los niños, ante las quejas crecientes de ciudadanos ofendidos por el daño que esa práctica irresponsable alcanzaba.

“En muchas partes, la gente renuncia voluntariamente a muchos derechos con tal de recuperar su tranquilidad.
Malas señales. “Si esto sigue como va, pudiera ser que los dominicanos, hastiados un día de tanta obscenidad en los medios electrónicos, se sientan tentados a aceptar como normal la represión interventora del gobierno para reglamentar el material de difusión de la radio y la televisión, lo cual sería fatal e imperdonable.
“Por tanto, estimo como lo más conveniente el que sean los propios medios los llamados a actuar contra esa tendencia nefasta que hoy observamos en la radio y la televisión del país.

“Es posible que muchos de los comunicadores que incurren en esa práctica se hayan convencido de que es la manera más rápida de escalar la fama y ganar un buen dinero.
“Y si eso fuera cierto no dejarían de tener razón, porque es más fácil obtener aquí patrocinio para la exhibición de un vientre con destreza, que para una función cultural. Como también es una realidad que los anunciantes aprecian más el “rating” que la calidad, lo cual explica en cierto modo el proceso de embrutecimiento colectivo que sufrimos. Que me perdonen si con estas reflexiones he ofendido a alguien.

Con sentimientos de la mayor estima, muy atentamente,
Miguel Guerrero”.