El vagón de las mujeres

El vagón de las mujeres

Si “El dios de las pequeñas cosas” de Arundathi Roy marcó un hito extraordinario en la literatura de la India moderna, “El vagón de las mujeres” de Anita Nair completa ese fresco monumental de un país con sus complejas relaciones coloniales, el statu quo de las castas y una historia milenaria de exclusiones.

Invitada el año 2002, al Festival de cine de Locarno donde iban a proyectar una película que rodó antes de ser escritora y un vídeo sobre la construcción y polémica de la presa de Namadar Andurathi Roy dijo: “Necesitaba respirar. Me estaba ahogando en India. Las tensiones entre musulmanes e hindúes son cada vez mas violentas; hay más musulmanes que en Pakistán. Es un clima difícil que si no se controla va a estallar”.(…) “Lo intento todo, desde poner distancia a leer y derrochar sentido del humor. Lo que es importante en las situaciones terribles es el instinto de supervivencia. Tenemos que sobrevivir y continuar relatando historias. Y las historias nos salvan. El mundo está divido en dos clases de seres: los supervivientes y los no supervivientes. Pero no creo que uno tenga que ser inevitablemente duro para sobrevivir. Es más, si uno es duro, no sobrevive. Lo esencial es comprender las circunstancias en las que uno vive, entender hasta dónde puede llegar, los límites que debemos respetar.

(…) Crecí en un pequeño pueblo cerca de un río en la provincia de Kerala. Me pasaba horas y horas pescando. El silencio y la contemplación hicieron de mí la escritora que soy. El escritor tiene que explicar lo que sucede alrededor de una manera sencilla aunque no simplificada”.

Si lo esencial en la vida de un escritor es comprender las circunstancias en las que uno vive, entender hasta dónde puede llegar, los límites que debe respetar, Anita Nair ha reunido en la radiografía de seis mujeres hindúes un mosaico donde se descubre el amor, el matrimonio , la familia, la amistad, los prejuicios y también los tabúes.

Nacida en Bangalore y directora creativa en una agencia de publicidad escribió una serie de cuentos titulados “Satyr of the subway”, con la novela “A better man” fue aplaudida por la crítica hasta que en “El vagon de las mujeres” relató las circunstancias tan especiales que rodean ese tren para mujeres.

Como Roy no cree que el papel del escritor sea sólo el de interpretar una sociedad y sus circunstancias.

“No es suficiente decir la verdad o ser responsable políticamente; para ser un buen escritor o director o artista, hay que esforzarse por hacer algo bello que al final resulte literatura. El escritor, el pintor, el cineasta o el músico deben saber que no hay reglas porque deben llegar al límite, al máximo de la imaginación humana y mostrar la belleza oculta de las cosas. Es posible que un escritor rechaze toda responsabilidad o norma moral que la sociedad desee imponerle. Sin embargo, creo que los mejores y más grandes escritores saben que abusar de tanto esfuerzo sólo puede conducir a un arte malo porque el arte, la propia escritura imponen una estrecha relación entre arte, rigor y responsabilidad”.

En la nota introductoria Anita nair relata el detonante para escribir esta libro: “Hasta principos de 1998 había una taquilla especial para las señoras, los ancianos y los minúválidos en la estación de ferrocarril de Bangalore y en la mayoría de los trenes nocturnos de la India con compartimientos de segunda clase, había un vagón especial para mujeres”.

Si bien esa práctica parece en la actualidad abolida en la India, la autora refiere la vida de seis mujeres donde de alguna manera se refleja que ser mujer en la India equivale a ser un ciudadana de segunda categoría, desvalorizada y relegada al nivel de un anciano o de un discapacitado.

El personaje principal, Akhila, es una mujer de cuarentaiseis años, soltera, de la cual depende una familia que le ha impedido hacer su vida con libertad. En un viaje que es una búsqueda personal, Akila recorre la India en un viaje que parece más bien un viaje hacia su interior, hacia su verdad y también hacia un nuevo destino.

La confrontación con su familia, con sus sentimientos, con sus deseos y el escuchar las historias de otras mujeres que se suman a ese viaje, la hace encontrar una nueva identidad y un futuro diferente. La anciana Janaki, desmenusará su vida siempre casada con las luces y sombras de la tutela masculina; Margaret, es una profesora de química casada con un despótico marido que elucubra una venganza a largo plazo, entre recetas de cocina y mesas pantagruélicas donde logra convertir a su tiránico marido en un gordo cebado y sin aliento apunto del paro cardíaco; Shela, es una niña de catorce años que a pesar de su juventud es la única en interpretar los deseos de su abuela poco antes de morir y a pesar de la reconvención familiar; Praha, es la sumisa e inexistente esposa que descubre una nueva identidad; Marikolanthu, es la que ha vivido todo y la que ha sufrido más.

A pesar de ser una presencia que no habla en todo el trayecto, es al final del viaje en que abre su corazón y su terrible experiencia a una Akila que espera que las historias narradas la ayuden a cambiar su vida.

Es muy llamativo que tanto Arundahti Roy como Anita Nair dedican sus libros a sus madres en las cuales encuentranla guía para crecer, aprender y defenderse como mujeres.

Cuando Andurathi Roy contó sus influencias más intensas dijo: “Cuando escribí “El dios de las pequeñas cosas”, más que la literatura lo que me influyó fue un tipo de danza de India, una forma de contar historias a través de la danza tradicional en la que el bailarín cuenta con su cuerpo los detalles de la esencia del ser humano, desde la épica histórica al deseo. Aprendí que el escritor debía contar lo complejo en lenguaje sencillo.Y más cuando uno es un escritor donde hay una gran mayoría de analfabetos. En India, el gobierno no tiene la educación como prioridad”.

Sus padres se divorciaron cuando tenía un año y no fue al colegio hasta que su madre, muy conocida por ganar un caso ante la Corte Suprema, fundó en Kerala su propia escuela. “En India las mujeres no pueden heredar tierra de sus padres; mi madre desafió a la ley y ganó. Es la mujer que más admiro. Mi educación fue muy distinta de las demás niñas; nunca tuve el condicionamiento de casarme y tener hijos. Estaba obsesionada con ser independiente. Cuando tenía 16 años me fui de casa. Rompí todos los tabúes”. Anita Nair en la dedicatoria escribe: “Para Suomini, mi madre, que me enseñó todo lo que hay que saber y luego me dejó defenderme a mi aire”.

Esta dos escritoras son ejemplo de una nueva forma de escribir y sobre todo de ensayar maneras distintas de ser mujer en la India.Es precisamente una literatura de ruptura la que parecen encarnar esta nueva generación de mujeres escritoras de la India donde el faro conductor son mujeres de la familia, viejas pioneras y transgresoras en la lucha contra los prejuicios, la servidumbre y la marginación.

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