El valor de la imagen:Comunicación decente

El valor  de la imagen:Comunicación decente

J. LUIS ROJAS.

Los clientes y consumidores siempre tienen la expectativa de ser bien tratados y respetados por las empresas a las que les compran determinados bienes y servicios.
Además, manifiestan la necesidad de recibir informaciones confiables y útiles. Por lo general las empresas que emplean los distintos tipos de comunicación para mentir y manipular corren el riesgo de dañar su reputación, credibilidad, confianza e imagen pública.
La comunicación decente es un soporte importante para lograr la sostenibilidad de las empresas. La mentira y la manipulación no tienen espacio en la comunicación decente.

La información de la comunicación decente proviene de las buenas prácticas que lleva a cabo la empresa.
No es decente elaborar y difundir mensajes para truquear determinados hechos y realidades, los que luego incidirán en las percepciones, actitudes, opiniones y decisiones de las audiencias cautivas y potenciales.
En fin, la comunicación decente implica respeto mutuo entre emisores y perceptores.
La comunicación decente no es un medio para tratar de ocultar las malas acciones que protagonizan algunas empresas. Los mensajes de esta modalidad de comunicación no están al servicio de negocios sucios.
El respeto a la dignidad humana es la esencia de la comunicación decente. Con frecuencia, los mensajes o contenidos que sustentan esta modalidad comunicacional, tienen como objetivo resaltar las buenas acciones que engrandecen y distinguen a las personas y a las organizaciones.
La comunicación decente fortalece los activos intangibles de las empresas, la cual nunca daña. Su misión es servir de trampolín para ayudar a crear y mantener el bien común.
La comunicación decente no induce a los clientes y consumidores a tomar malas decisiones. Además, no falsea las informaciones ni la realidad.
La comunicación no es decente cuando su propósito consiste en usarla como plataforma persuasiva para fabricar y posicionar realidades económicas, políticas y sociales inexistentes.
No es sano ampararse en el poder de la comunicación mediática para crear y mostrar la falsa percepción de que los ciudadanos viven y disfrutan de un supuesto bienestar que solo existe en un progreso de burbujas.
Las empresas que no predican con el ejemplo, jamás podrán poner en práctica la comunicación decente.

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