El valor de la imagen: El país de las divisiones

J. LUIS ROJAS.

La prosperidad y sostenibilidad de un país son vinculantes con la pertinencia de la visión, la amplitud del conocimiento y la solidez de los valores que poseea su liderazgo político, empresarial, social, laboral, religioso, profesional y académico. Es decir, la calidad humana del liderazgo que conduce el presente y futuro de un pueblo, es un factor de alto valor agregado al buen funcionamiento de sus instituciones y al respeto de las leyes y normas que rigen su accionar.
Si un liderazgo sano, ético, responsable y comprometido con la transparencia, es casi imposible que los países puedan establecer un desarrollo integral e inclusivo, que sea capaz de generar riquezas sostenibles para todos sus ciudadanos.
¿Tiene el liderazgo empresarial, social, laboral, religioso, profesional y académico de República Dominicana una visión de mediano y largo plazo del país? ¿Está en las agendas del liderazgo nacional promover la cultura de respeto a la institucionalidad y a la transparencia? ¿Cuál es el concepto que tiene el liderazgo dominicano acerca de la democracia? En las respuestas a éstas y a otras preguntas, es muy probable que se encuentren las causas que provocan tantas divisiones en la sociedad dominicana. La cultura de la división no es buena para un país que necesita captar inversionistas extranjeros para mejorar la calidad de vida de sus habitantes.
En el país casi todo se divide, excepto la riqueza que proviene de su supuesto crecimiento económico. Por ejemplo, se dividen las organizaciones políticas, las empresas, los sindicatos, los colegios y gremios de profesionales, las orquestas musicales, las juntas de vecinos, los emprendimientos. La tendencia divisionista del liderazgo dominicano es tan fuerte y evidente que ha logrado dividir el territorio del país en 32 provincias y un Distrito Nacional, los que a su vez han sido subdivididos en 158 municipios y 231 distritos municipales.
La falta de un liderazgo con valores es proporcional a la cantidad de divisiones y conflictos que acontecen al su rededor. Cuando el liderazgo de un país no entiende y asume la lógica de vivir en ambientes democráticos, lo más posible es que se imponga la cultura de la división, de la discordia y del conflicto inútil. La megalomanía, el caudillismo y la ambición desmesurada por el control del poder, son algunos de los atributos negativos que hasta ahora han caracterizado el liderazgo político, empresarial, sindical, social, religioso y profesional de República Dominicana.