El valor del MOVIMIENTO INTERIORISTA

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El surgimiento del Movimiento Interiorista se produce en un momento clave. Aparece en el instante en que se da una búsqueda del hombre y la mujer por encontrar verdades que no han sido respondidas a lo largo de años, a pesar de que el materialismo y numerosas corrientes filosóficas y religiosas han intentado dar respuestas. El mundo ha cambiado y prevalece el desconcierto. No nos sentimos seguros. Nadie sabe, con certeza, hacia qué derroteros nos conduce el devenir.

Existe una explosión tecnológica que ha transformado la industria y que coloca en estadios sorprendentes la comunicación y la transmisión de información. No obstante, abundan la miseria y las injusticias. No hemos conseguido construir sociedades felices, donde los seres humanos coexistan armónicamente. La muerte, las enfermedades, el crimen, los conflictos y los intereses particulares nos agobian al final de la centuria que, como todos observamos, ha parido muchos avances y muchas taras. En consecuencia, en medio de este desconcierto muchas “verdades” son cuestionadas. Por ejemplo, se ha puesto en tela de juicio que solo debamos apelar a la razón para modificar la realidad circundante, para crear un mundo distinto, más confortable. Millones de personas enfocan sus esfuerzos hacia la exploración de su interior. Apelan a la intuición para seguir hacia delante en un espacio cada vez más desorganizado. Buscan respuestas dentro de ellos mismos. La meditación, la reflexión, empiezan a proveer tranquilidad a los más avispados. La civilización occidental nos ha enseñado a respetar y a rendir culto al respecto racional y a negar y desprestigiar la intuición. Procedemos de un sistema educativo, de una cultura que nos ha enseñado a santificar la abundancia mal repartida, a temer a Dios, antes que amarlo y a estar siempre preparados para atacar y hacer la guerra. En pocas palabras, hemos sido estimulados a ignorar nuestros más sanos sentimientos. Esto ha ocurrido con mayor énfasis en la crianza de los hombres, que, en aras de cultivar una aparente fortaleza, deben continuamente ahogar su voz interior, esa que, sin embargo, conservamos todos, aunque con mayor o menor potencia.

Obras maestras han sido creadas gracias a que, quien ha sido el canal, ha dejado que se transmita libremente la energía creativa. La película Amadeus nos enseña que Mozart componía música perfecta en cuanto a la técnica. Su música, prodigiosamente inspirada y aún insuperable, brotaba con gran facilidad y de manera espontánea. Desde la más temprana infancia del genio, las notas musicales llenaban su interior hasta rebosar.

A mí, que valoro completamente la libertad en la creación, y que creo en la búsqueda incesante de maneras de expresión literaria, me parece un gran acierto que el Interiorismo proclame que no pretende constituirse en una coyunda que ahogue la sensibilidad o comprima el talante personal, como ocurre con algunos movimientos estéticos cerrados. Es todo lo contrario. A mi modo de ver, el Interiorismo es una nueva puerta que se abre, un punto de partida y una orientación novedosa que encauza por nuevos rumbos creadores. Y llega oportunamente, cuando parecería que quedan pocas posibilidades creativas, pocos trillos que descubrir.

Nos dice Bruno Rosario Candelier, presidente del Ateneo Insular y creador del Movimiento Interiorista, que la Poética Interior procurainteligir el interior del ser y el acontecer, auscultar la subjetividad propia para captar el aliento soterrado del inconsciente y la sustancia de los sueños, visiones y utopías, y prestar atención al dictado inaudito de la revelación. Todo creador tiene un impetuoso torrente interior que se ve en la necesidad de exteriorizar. Eso lo sabe y lo siente quien crea. Mientras pueda permitir que su savia más profunda fluya libremente probablemente su aporte sea mayor, más verdadero y más sincero y por tanto más trascendente.

En la narrativa tenemos que ir prestándoles cultura a los personajes. Aportar lo que tenemos dentro, transformar la realidad con estos ingredientes nos conducirá a realizar obras más creativas y de mayor profundidad. Si somos capaces de auscultarnos podremos dotar de profundidad nuestros valores, textos y personajes. Cuando vamos a escribir, muchas veces no nos preguntamos nada. Lo hacemos como un ejercicio irreflexivo. Pero ocurre que poder escribir con algún acierto es un privilegio. Un don. Una responsabilidad. Por tanto debemos ejercerlo en base a determinadas reflexiones estéticas y filosóficas. Lo más juicioso sería que consultáramos con nosotros mismos, con nuestra imaginación, con nuestro mundo íntimo, con el cúmulo de experiencias que grandes cultores han guardado para nosotros. Habría que preguntarse qué tenemos, qué vamos a decir, cómo podemos trascendernos, qué podemos aportar, qué buscamos y qué queremos.

La puesta en servicio de los sentidos interiores -la intuición, el sentido común, la imaginación, la memoria sensible y el instinto- a favor de la creación literaria nos hará realizar producciones permeadas por una mayor sensibilidad, enriquecidas con enfoques inusuales. La Poética Interior propone el empleo de técnicas interiorizantes como el diálogo interior, para establecer un diálogo consigo mismo, la reflexión interior y la introyección meditativa, para traducir la impresión de la vivencia interior. No se trata de reflejar fielmente la realidad como si fuésemos cámara fotográfica. Lo que distingue a un escritor de otro no es sólo su estilo, la técnica que utilice, el dominio artesanal del oficio. Más importante que todo eso es que sea capaz de dotar su obra de una experiencia humana, de una visión de la sociedad distinta, de un enfoque nuevo. Cada cual habrá de buscar sus tópicos. Pero debemos tener en cuenta que tenemos una amplitud de temas que podemos abordar tomando en cuenta los postulados del Movimiento Interiorista que nos ayudarían a enriquecerlo. Por ejemplo, la alineación, los efectos de la cibernética, la soledad que producen las mega-ciudades y los estilos de vida actuales, el desarraigo sentimental de millones de nuestros coetáneos, etc.Nuestras narraciones, nuestras poesías pueden reflejar expresiones de la imaginación, invención pura y un enfoque profundo de la mujer, de los adolescentes, de los envejecientes y de todo el que pueble el planeta. Bien podemos escribir para buscar, para experimentar, para indagar, pero desde perspectivas más profundas, más próximas al alma, a la intuición. El escritor de una época se distingue del escritor de otra época porque tiene una percepción diferente del mundo. El creador se nutre de lo que acontece en su entorno social y los fantasmas y los temores que lo acosan son precisamente los de los años que le ha tocado vivir. Sabiendo esta realidad, sin renunciar a la búsqueda del pasado para conocer la trayectoria y la experiencia humana, debemos tener los sentidos alertas para ver, oler, palpar, intuir, imaginar y profundizar todo lo que nos rodea. Por eso, creo que no es errado que propongamos que echemos miradas sobre nuestras vidas, que reflexionemos sobre el misticismo, el pensamiento mágico, la intuición, la soledad, la corrupción y la frivolidad imperantes y otros temas. El mundo de hoy nos permite explorar una realidad más compleja. Las circunstancias del hombre actual son entreveradas y por tanto la interioridad de los seres humanos es muy compleja. Poder volcarla hacia el exterior, extraer lo más noble de lo que llevamos dentro es también un reto del arte. El Movimiento Interiorista nos oferta importantes herramientas.