El verdadero defensor del pueblo

En su acostumbrada columna que aparecía en el periódico Hoy, un miércoles 4 de abril del 2003, Hamlet Hermann publicaría un artículo que titulara ¡Que me defienda Luis Schecker!
Entre las varias razones que HH esgrimía para que yo fuera escogido Defensor de Pueblo (Ombudsman) de la terna que la Comisión de la Cámara de Diputados, presidida por Licelot Marte, había sometido a su hemiciclo, había una muy especial con la cual quería resaltar la valía de su patrocinado para mí, esa, la más valiosa, la más entrañable, porque con ella quedaba sellaba una y mil veces más, para siempre nuestra fraterna amistad: “porque lo conozco “como si lo hubiera parido.”
Pero no era yo ese aquel que respondía a sus ponderaciones y las cualidades atribuidas. Era él mismo, el verdadero defensor del pueblo, luchador invencible, que por amor a su pueblo y por la Patria, había consagrado durante su vida, todo su empeño, su inagotable energía, su indiscutible talento, su capacidad de sacrificio, hasta llegar al martirologio si fuese preciso, por su pueblo y por la Patria, “aras, no pedestal.”
Por eso su muerte repentina, inaceptable, enluta a toda la nación dominicana. Por eso sus ideales libertarios no perecerán. Por eso su gesto viril, su interminable lucha de ciudadano adolorido por los tantos crímenes y abusos cometidos contra su pueblo, más temprano que tarde, hallarán consuelo en su alma ennoblecida. Por eso las lágrimas de sus fieles amigos no cesarán de brotar al evocar su vida y su memoria, no importa donde estén porque su patria no tenía fronteras.
Te marchaste en silencio, sin decir adiós, pero cuánta enseñanza, ¡qué rica herencia dejaste! Por eso, hoy como ayer, como siempre, la patria agradecida, en nombre de tu noble amistad, te saluda y desea bien viaje. ¡Salud Hermano! Hasta pronto.