El viaje al corazón del hombre de Carlos Roberto Gómez Beras

El viaje al corazón del hombre de Carlos Roberto Gómez Beras

La poesía es una actividad del arte y una realización de la creación. Todo arte es poético, como toda creación deja ver sus destellos artísticos. La poesía se hace con palabras que son lengua (fonemas, grafemas), energía y representación. En el poema el oído y la vista se ponen en tensión. Pero todo lenguaje es un intento de comunicar desde la subjetividad del hablante algo que está en el mundo. De ahí que el lenguaje sea facultad humana y tentativa de referir algo que se encuentra dentro o fuera del hablante. La poesía lírica es justamente la expresión de la subjetividad, mientras que la épica realiza lo que generalmente hace el lenguaje: referir el ser de las cosas. La lengua es, entonces, la realización del hablante en la cultura; en su acto de habla individualiza los objetos y coloca las sensaciones en el mundo en una comunicación a los semejantes quienes gozan de un conocimiento previo. Hermanados en el lenguaje, la lengua, el discurso, la frase, los fonemas y los grafemas, aparece el poema como realización artística del poeta.

Un poema es la realización del acto de hablar del poeta. Cada poema es ese mundo del lenguaje que habla de sí mismo y el que se instala como tensión. De ahí la dificultad de la poesía; la imposibilidad de deslindar sus campos. Sé que la lingüística ha intentado hacerse con su explicación (Román Jacobson), pero como un día me dijo Pedro Mir, es difícil que la lingüística pueda explicar los fenómenos estéticos. Como es difícil, aunque no imposible, que la lingüística o la teoría del discurso puedan eliminar la explicación metafísica del poema, como lo han intentado en nuestra cultura Diógenes Céspedes y Manuel Matos Moquete.

Cuando leemos el libro Mapa al corazón del hombre de Carlos Roberto Gómez Beras esas tensiones se ponen en acción en un lector cuya experiencia va de la teoría a la práctica de la escritura poética. Y al leer, desde una intencionalidad crítica, el poema se revela como creación lingüística y como manifestación estética… Este conjunto de poemas escritos en distintos tiempos, pero que guardan una relación y una coherencia desde el principio hasta el final, es una obra a la que podemos apostar. Sintetizo: es de lo mejor que he leído en los últimos años. Pero más, es la creación de un artífice y sus desplazamientos.

Carlos Roberto Gómez nos dio un libro (Las palomas de la plusvalía, 1996) dentro de un trabajo de la escritura que permite reconsiderar la tradición Lorca-Neruda como modelo de la poesía de América. El imaginismo, el impresionismo, la belleza que trajeron Darío y el parnasianismo, más el sustrato retórico que estas tendencias marcaron en Francia y Europa designaban una manera de escribir la poesía; de sacarla de los viejos moldes, sin tocar en demasía el irracionalismo y las rupturas que el vanguardismo intentó poner de moda y que, poco a poco, ha ido quedando a un lado.

Si en los poemas anteriores de Gómez Beras habíamos apreciado la buena poesía, al poeta cuyos contextos remitían al cuerpo, al amor, a los sentimientos, a las pasiones hombre-mujer, en este libro también encontramos esos mismos tejidos dentro de un desplazamiento que los coloca dentro de literatura en tránsito. Esto debido a los distintos saltos, viajes, tanto por la cultura hispánica como la griega, en un intento referencial de dialogar con la clasicidad. Un referente que siempre nos recordará a Borges, pero que se encuentra en Pedro Henríquez Ureña, en Vigil Díaz… Lo que constituye un viaje a los orígenes.

Aunque ese referente no queda del todo en posición dominante, porque es central que el yo lírico refiera espacios nuestros, ciudades y contextos culturales como Santo Domingo, La Habana… que nos muestran la concomitancia de la cultura actual, en la que tocamos todas las ciudades desde la soledad de una habitación. Lo que nos recuerda el decir de Carlos Argentino, quien pensaba que era, en tales condiciones, innecesario viajar porque las montañas concurren hoy hacia el moderno Mahoma.

Pero no son solamente los distintos contextos culturales los que hacen que este libro sea la instalación de lo nuevo en el mundo; es que su poética establece rupturas entre la tradición del poetizar; lo que se nota en la concepción del poema como totalidad, en el ritmo-sentido y en cada una de sus unidades menores como son los elementos sonoros y semánticos. Es, en fin, esta obra el desplazamiento hacia una región de la significación que queda suspendida entre la referencialidad de la lengua y la creación de un sentido que el lenguaje poético connota.

Si en la parte final del libro encontramos un pequeño homenaje a Borges, a quien se le designa como un dios poético, es porque en todo el trayecto el poeta ha estado muy consciente de la tradición poética que está transformando. Lo cual es signo de un pensar la poesía y de una poesía que zurce muy bien su decir. Aunque Borges trabajó dentro de una retórica del poema, en una forma del poema, que Quevedo le refiere, tanto como sus lecturas de los poetas ingleses, su intento de capturar el lenguaje poético una cierta ‘esencia’ de las cosas, de transmutar la mirada en una metafísica del paisaje; y es esto lo que Carlos Roberto desborda sin la metafísica, sin los intentos filosóficos, más bien donde el arte expande su significar.

No deja de ser interesante, para un lector que no esté implicado en las formas y las evoluciones de la poesía en Hispanoamérica, los distintos juegos que una poesía desde la autobiografía en la que el hombre se encuentra con sus cuitas, donde las relaciones, mujer, amante, hombre, hijo, alegría, encuentros, despedidas, amor y desamor… corren paralelas a un decir en que las cotidianidades y los espacios configuran un viaje al corazón del hombre contemporáneo.

El poeta Gómez Beras nos deja el poema como obra de arte, como ritmos entre la referencialidad, los símbolos y las metáforas, el gusto por la lectura, el resplandor de la obra que uno quisiera de nuevo volver a leer porque se constituye en una forma de configurar y configurarnos como seres en el mundo.

En este viaje artístico de su poesía se retrata, una vez más, como poeta y como artista preocupado porque su decir permanezca dentro de la tradición, pero más allá de los trabajos del arte y de los afanes que hacen que el mundo sea cada día un espacio de la existencia.

Finalmente, valoro en la poética de Mapa al corazón del hombre (2013) la sencillez de la expresión, la ausencia de palabras rebuscadas y del barroquismo que tanto ha sido saqueado por los creadores, para colocarse en un terreno donde la poesía deslumbra por sí misma porque es sencilla, clara… y no permite que se le confunda con otra cosa.

Carlos Roberto Gómez Beras (1959). Dominicano-guatemalteco de origen y puertorriqueño por adopción, es poeta, editor en Isla Negra; ha publicado poemas y relatos. Estudió literatura comparada en Río Piedras. Es profesor de la Universidad de Puerto Rico en Humacao. Mapa al corazón del hombre es su cuarto libro de poesía.

 

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