El VIP en concierto Luis Miguel: un asalto sin armas

La presentación en el Estado Olímpico, el pasado 12 de noviembre, del cantante Luis Miguel fue un éxito en cuanto a la parte artística.

El “Sol” de México, como es conocido el artista, derrochó no solo calidad en su voz, también hizo a un lado, aunque fuera por dos horas, lo que duró el concierto, su habitual formalismo, sobriedad y apatía (hay que decirlo), que le caracteriza fuera de los escenarios, para “botarse” y dar lo mejor que tiene. Ternura, romanticismo, sensualidad y mucha complicidad, para estar a tono con la identidad del concierto (Cómplices).

Pero quienes pensamos que al pagar una boleta VIP íbamos a obtener a cambio una ubicación mejor que nos reciprocara su costo con creces, estábamos pensando de manera errada.

Nos atrevemos a asegurar que es el primer VIP ubicado de manera tal que todos los que pagamos RD$3,500, no logramos ver a Luis Miguel en persona. No, no es verdad. Lo vimos a través de una enorme pantalla. Pero a él, físicamente, desde donde estaba ubicado VIP era imposible verlo.

Los organizadores, patrocinadores o empresarios artísticos, no deberían abusar de la calidad de un artista para meternos gato por liebre.

Se habló de cambios, dos días antes, de la ubicación de la tarima, lo que supuestamente afectó la zona VIP, pero además, sobrevendieron las gradas y la gente que no les cupo en esa área, las rebotaron nada más y nada menos que para VIP.

El caos imperó entre el público. Solo la calidad artística de Luis Miguel hizo posible que todos esa noche, de luna llena, nos situáramos por encima de cualquier contrariedad.