El voto militar (2 de 2)

EURÍPIDES ANTONIO URIBE PEGUERO
La Constitución dominicana no tiene el voto militar desde el año 1924, y sin embargo, durante estos ochenta años, los militares dominicanos tienen una lamentable historia de participación política distinguida por esa situación que usted bien expone en los tres últimos párrafos de su escrito.

Los militares que utilizó Trujillo durante su tiranía represiva, los que dieron un golpe de Estado a un gobierno democrático en el 1963, ni los que fueron utilizados en actividades reprobables del 1966 al 1978, asumieron ese comportamiento indeseado porque el derecho a voto les indujo a esa conducta. En ese tiempo, y como ahora, los militares tampoco tenían ese derecho. Esto prueba que son otras razones las que provocan esa actitud indeseada.

No tiene lógica pensar que esta conducta inadecuada se incrementará con el hecho de adquirir la capacidad de ejercer el sufragio. No es lo más lógico, señor Santana. No puede esperarse que una medida progresista contribuya al retroceso. Debemos aceptar y creer que estamos preparados para asimilar ese cambio. Lo natural es que ese derecho, en vez de incrementar un mal ancestral, contribuya a corregirlo definitivamente, convirtiéndose en un desahogo, o la canalización por la vía del voto, de la presión contenida a lo interno de nuestros militares por el hecho de que el sistema político que nos damos, les mantiene como ciudadanos mutilados, incapaces de ejercer ese derecho soberano.

El derecho al voto militar, así como no se justifica una preocupación real por el mismo, no significa un retroceso, ya que la mayoría de las naciones más avanzadas lo consignan. Aferrarse al criterio de que “todavía no estamos preparados”, es el retroceso. Es negarnos la capacidad de avanzar.

Tenemos que comenzar a confiar en nuestras instituciones, en nuestros políticos y en nosotros mismos. No podemos abstenernos de dar los pasos que demanda el avance que requiere el desarrollo y la actualización por mantenernos atados a retrancas que sólo fueron atendibles en un pasado que no debe regresar jamás.

Entendemos que por alguna razón, más allá de una preocupación fundamentada en la realidad, existe una inquietud de orden netamente político, que motoriza una corriente adversa al voto militar. Pero nuestros militares, aún con escollos que superar, cada vez dan más pruebas de estar preparados para este avanzar. Posiblemente los sectores que se oponen a este derecho, demuestren ser menos progresistas ya que insisten en aferrarse a la presunción de una conducta que no corresponde al contexto actual de nuestros militares.

El Secretario de Estado de las Fuerzas Armadas, almirante Sigfrido Pared Pérez, tendrá en adelante que contener la aprobación que ya expresó sobre el voto de los cuerpos militares que dirige, su comandante en jefe, ya ha dicho que no está de acuerdo. El subalterno no podrá insistir en lo que conscientemente cree. Pero la expresión del jefe militar es la manifestación del sentir de casi la generalidad de los militares dominicanos. Lo seguro es que tarde o temprano este derecho deberá ser restaurado a nuestros hombres de armas.

Lo que ha demostrado nuestra historia más reciente, incluso con el mismo hecho de la politización de los militares, es que ningún gobernante, para el caso de que pretenda la reelección, puede garantizar la aprobación total de los cuerpos militares, más allá del compromiso constitucional de lealtad como representante del Poder Ejecutivo. Cada gobierno que hemos tenido en las últimas décadas, ha tenido que lidiar con esa realidad, y en ningún caso, los militares se han convertido en un motivo de preocupación para la gobernabilidad de la nación, por el contrario, han sido un pilar para garantizarla.

Durante el gobierno pasado, fuimos parte del alto mando militar. Desde el poder y junto a otros jefes militares, hicimos conocer esta demanda que ahora mantenemos. Entonces se nos acusó a todos los que sosteníamos este parecer de que como militares, procurábamos un beneficio político para el entonces Presidente y candidato, la intención fue sepultada dentro del cúmulo de tergiversaciones que se tejieron sobre cualquier declaración que hacíamos, especialmente para indicar que estábamos haciendo declaraciones políticas. Hoy en el retiro, somos coherentes en mantener esta posición responsable.

Aunque en condiciones que sean claramente definidas en la misma Constitución por su inocultable delicadeza, el sufragio militar es una prerrogativa, que además de un derecho, se merecen los militares dominicanos, quienes han demostrado en los últimos años, que no son más peligrosos para nuestra democracia que algunos políticos que constantemente la hacen tambalear con su comportamiento.

Es de lugar que nuestras fuerzas políticas, reflexionen desapasionadamente sobre este asunto, y que también, en alguna forma, y sin quebrantar su condición de no beligerantes, nuestros militares expresen su parecer sobre este tema que concierne a sus derechos ciudadanos.