El “yaniqueque” y el embajador Brewster

Mi madre (Q.E.P.D.) preparaba unos deliciosos yaniqueques que, para mi familia, constituían una de las comidas preferidas. En cierta ocasión invité a un apreciado amigo a degustar esa exquisitez tradicional en mi hogar y cuando la probó engurruñó el rostro y con una cortesía muy mal disimulada dijo: Está bueno. Sin embargo, cuando vio que yo partía en pedacitos un yaniqueque y los introducía en un jarro con chocolate, mezclándolo, me preguntó: ¿Y tú te vas a comer “eso”? evidenciando su disgusto con nuestra comida favorita. Afortunadamente teníamos otro tipo de alimento.
El señor James Brewster, embajador de los Estados Unidos de Norteamérica, es un gay militante del grupo LGBT y ha manifestado públicamente que hará todo lo que esté a su alcance para fortalecerlo, patrocinando actividades e involucrando a grupos defensores de los derechos humanos vinculados a la salud y la educación.
Se critica el hecho de que en casi todos sus discursos el embajador Brewster incluye su prédica a favor de los homosexuales y, sobre todo, que haya utilizado escenarios en colegios y escuelas donde también se ha presentado su esposo(a) como apoyo promocional.
El embajador quisiera, como yo, que a todo el mundo le guste el yaniqueque, con la diferencia de que yo no soy embajador del país más poderoso del mundo para moverme por toda una nación caribeña enseñando, desde chiquititos en las escuelas, a sus ciudadanos, lo sabroso que es mezclado con chocolate, irrespetando sus costumbres y hábitos alimentarios familiares y sin darles la oportunidad, como ocurrió con mi amigo, de engurruñar la cara y manifestar que eso es un plato no apetitoso para él.