El Yaque invita a reingeniería

Las lluvias sin precedentes han embravecido al Yaque del Norte hasta convertirlo en un monstruo incontrolable que amenaza con barrer asentamientos humanos en sus riberas, especialmente en Santiago. No es el único río en esas condiciones, pero vale la pena tomarlo como prototipo de gran potencial destructivo. El Yaque ha puesto a prueba, una vez más, que la regulación provista por la Presa de Tavera “no le sabe a nada” cuando está sometido a vertidos tan voluminosos como los de estos días. Y eso hay que tomarlo muy en serio.
El Poder Ejecutivo articula una declaración de emergencia para unas catorce provincias azotadas por las inundaciones, y nos parece que sería juicioso presupuestar obras hidráulicas de gran impacto en el control de las aguas de los ríos más caudalosos. Aguas abajo de la Presa de Tavera existe gran riesgo para zonas densamente pobladas y abundante producción agropecuaria. Hay que pensar en canalización y más medios de regulación para amortiguar los forzosos desfogues de Tavera.
El ejemplo del Yaque del Norte debe ser una invitación a poner en marcha una reingeniería hidráulica que permita manejar con menos riesgos situaciones excepcionales como las que estamos viviendo, pero que podrían repetirse como parte de los grandes cambios climatológicos derivados del calentamiento global.

Más fondos para una causa noble

Con un país cimero en materia de accidentes de tránsito, es natural que sea enorme la demanda de servicios destinados a corregir lesiones y atrofias motoras de gente que ha sufrido traumas de esa naturaleza. Esto, en adición a las múltiples causas de dificultades motoras, que también abundan entre los dominicanos.
Como la demanda de servicios que enfrenta la Sociedad Dominicana de Rehabilitación, con sus 29 centros en todo el país, va en constante aumento, también aumentan sus necesidades financieras para poder cubrir esa demanda. Sin embargo, lleva nueve años con una asignación estatal de RD$70 millones anuales, que se suma a los ingresos que obtiene por servicios y donaciones. Las disponibilidades financieras se quedan corta y sería razonable que el Estado sea más generoso con esta noble causa.