Elecciones municipales, voto automatizado y boletas tradicionales

Tirso Mejía-Ricart

El país vive una situación verdaderamente inusitada, en que se mezclan desordenadamente fiestas navideñas, discusiones sobre las bondades y peligros del voto automatizado y de las boletas tradicionales, así como de la procedencia o no de unas elecciones municipales en febrero, que como es natural se entremezclan con las de mayo para el Presidente y legisladores de la República, su relación con las leyes de Partidos y del Régimen Electoral, así como con una Constitución redactada para validar al continuismo del PLD.
Por de pronto, podemos concluir que las fiestas navideñas no pueden ser cambiadas en el calendario. Las fortalezas y debilidades tanto del llamado voto automatizado como de las votaciones con boletas tradicionales no pueden ser negadas. En el caso del voto automatizado está la posibilidad de “hackeo” de todo sistema de trasmisión de datos por vía electrónica, responsable de su rechazo general de casi todas las naciones avanzadas y causa en las recientes elecciones de Bolivia de un fraude, comprobado por la OEA y que le costó la Presidencia a Evo Morales, a pesar de que hizo un buen Gobierno, por su afán de continuismo.
Las votaciones con boletas tradicionales tienen otras modalidades de error y fraudes, como son la compra-venta de votos y cédulas, la intervención de directivos y delegados en los colegios electorales, que pueden hacer aparecer y desaparecer votos como por arte de magia…
Por otra parte, las elecciones municipales señaladas para febrero, solo tres meses antes de las nacionales, no solo contaminan las de mayo, por su cercanía, sino que desvirtúan la validez que tienen esas elecciones, por candidaturas que muchas veces son por arrastre y alianzas, en lugar de responder a liderazgos e intereses locales.
Por eso lo correcto es organizar para el futuro esas elecciones a medio término de las otras, aunque ahora solo se podría si la JCE proclama la imposibilidad de realizarlas en febrero, ya que como habrá voto preferencial para los regidores y vocales, unos tres mil cargos serán para hasta 20 mil candidatos y eso será un cuento de nunca acabar.
Por esas razones, lo prudente y más conveniente para el país es que se acepte la propuesta de la JCE solo para las elecciones municipales de febrero, aun sin completarse la auditoría forense de las primarias del 6 de octubre pasado; porque estas no serán definitorias del destino dominicano y ayudarían a perfeccionar los controles del sistema, como la identificación con huellas digitales, además de que es muy poco probable que se produzcan fraudes.
Para el certamen del año 2024, lo que procede es que se decida antes de las elecciones primarias de 2023, el lugar que les corresponde en las boletas a los cargos reservados, y de esa manera los resultados de esas elecciones definirían el orden en que figurarán los candidatos de acuerdo a los votos que saquen los precandidatos. Así, la votación hará totalmente innecesario el voto preferencial, que se presta a muchas manipulaciones non sanctas; y al “canibalismo” que supone enfrentar al mismo tiempo a los compañeros de partido y a los candidatos de las otras fuerzas políticas.
Con este paso se les quitará presión a los partidos, a la JCE y al espíritu navideño tradicional…