Eleomar Puente, lenguaje discursivo de crítica social

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La obra de Eleomar Puente se ha ido retroalimentando de iconos que dieron inicio a su lenguaje discursivo, que se refiere a la crítica social, la problemática del hombre, la violencia, la agresión, la alegría y el amor. De ahí que sus personajes parecen conformar escenas de conflictos, donde se caricaturiza al hombre, el cual pasa de una forma animal a otra humana.

En la obra que hoy presenta trata ese mismo tema, citando en primer orden el poder político como autoritario y enmascarado de la situación de la problemática del Caribe y Latinoamérica, “la mentira siempre viene con una cara de verdad y la política es toda una maquinaria envolvente en donde muchos se dejan llevar pero al final resulta contraproducente. Desde que tengo uso de razón no he visto resultados, y por el contrario más incremento de problemas”, dijo.Visualiza cada obra como una escena de un filme. En el va envolviéndose hasta lograr un desenlace donde el espectador pueda verse como un colaborador mental que puede crear conciencia de que en vez de civilización puede haber una gran destrucción.

En las obras anteriores de Eleomar Puente existe una marcada presencia de paisajes donde los personajes flotan en el espacio, pero ahora nos muestra escenas más crudas, donde esos grandes espacios se convierten a veces en oscuridad total o espacios blancos de la nada.

Son 15 obras que presentan una situación diferente y un mensaje a favor del amor, a fin de que se haga conciencia de que a nuestro alrededor puede estar pasando lo que se presenta en una obra.

El artista, que nació en Santiago de Cuba y lleva 11 años en el país, asegura que desde que se graduó en 1987 y se inició profesionalmente, ha estado inmerso en una investigación constante de la expresión humana. Por eso sus obras mantienen una crítica humana, ya sea desde afuera o desde adentro, “y eso se ha ido incrementando. Mientras más maduro, más estoy involucrado en esta línea y el día que pueda dedicarme a algo más comercial y ligero, es sencillamente cuando esté en el Edén, cuando no conviva con todo este estado de convulsión o cuando deje de pintar”.

Sus imágenes mantienen una línea figurativa, donde siempre hay un punto de luz, de escape y de fe. Desde el lenguaje inicial, busca una iconografía inexistente que identifique su lenguaje, “desde el mismo momento que estoy encarnando al ser humano de una forma más real, lo estoy envolviendo en escenas y situaciones que yo envolvía mis animales, esos que en realidad no eran animales, sino personajes mezclados que dan esa sensación”.

Explica que los cambios iconográficos de su trabajo pictórico son lentos, porque van creando un sustento dialéctico de un discurso, “lo que pude decir en el 94, con la medalla de oro en la Bienal del Caribe, con unos personajes que tenían más o menos la temática actual, pero desde otro punto de vista, hacían parecer que todo el que observaba la obra pensaba que era un mundo ajeno a la realidad, que formaba parte de la fantasía del artista y por el que no teníamos que preocuparnos”.

Pero hoy, trata de que todo el que se acerque a la obra se identifique con él o los personajes y forme parte del caos o la satisfacción de cada caso. Y tiene que ver con el abuso del poder que siempre ha existido, las ansias de libertad general (a la conciencia, a la escena).

Hace alusión a una obra que realizó en el 2000 y que tituló “Nostalgia”, en la que visualizó cómo podría ser una naturaleza virgen en una situación natural, y cómo el hombre la transforma en un monumento al cemento, convirtiendo su única idea: la satisfacción humana y su perspectiva de la naturaleza, desde ahí, cómo puede desaparecer y convertirse en eso.