Elfriede Jelinek, un foco crítico en la literatura

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La primera sorprendida al ser reconocida con el Premio Nobel de Literatura 2004 fue la propia Elfriede Jelinek que, en declaraciones a la radio pública sueca, aseguró que “es una sorpresa y un gran honor”. Jelinek reconoció que no podrá recoger el premio en diciembre por motivos de enfermedad. “En estos momentos no me puedo presentar en público”, dijo sin dar más detalles.

Nacida en octubre de 1946, en la localidad austriaca de Mürzzuschlag y con raíces checo-judías, Elfriede Jelinek está considerada como una de los autoras más importantes en lengua alemana, y una exponente de escritura rebelde con la hipocresía social y, especialmente, con la de su país de origen, Austria, contra la que ha arremetido sin tapujos tanto en sus novelas como en piezas de teatro.

Polemista

La autora, siguiendo su talante crítico hacia su país natal, aseguró tras conocer el fallo de la Academia Sueca, que no creía que Austria pueda colocarse el premio “como flor de ojal”.

La fama de Jelinek se debe tanto a sus virtudes literarias como a su activo papel como polemista, en especial, contra la hipocresía de la sociedad austriaca y el anterior gobierno de coalición entre los conservadores y los populistas de derecha de Joerg Haider, víctima de sus dardos más afilados.

En su formación, Jelinek cursó estudios de piano, órgano y composición desde edad temprana y, al acabar el Instituto, se matriculó en Ciencias del Teatro e Historia del Arte en la Universidad de Viena.

Sin embargo, abandonó sus estudios en 1967 para dedicarse a su pasión literaria, plasmada ya en su primer libro de poemas, “Las sombras de Lisa”, de ese mismo año, o en su novela inaugural, “Somos reclamos, baby” (1970).

Casada con Gottfried Huengsberg desde 1970, nueve años después hizo su debut teatral con “Lo que ocurrió después de que Nora abandonara a su marido o pilares de la sociedad”.

Entre sus principales obras, figuran también “Las amantes” (1994), “El, no como él” (1998), dedicada al suizo Robert Walser; o “La pianista” (1988), adaptada al cine por su no menos controvertido compatriota Michael Heneke y que obtuvo el Gran Premio del Jurado de Cannes en 2001.

Análisis de la condición femenina

En sus libros, aborda temas como la crítica social o el análisis de la condición femenina. Su actitud crítica la emparienta con la tradición austriaca que ha tenido ilustres representantes como Elias Canetti o Thomas Bernhard y, como ellos, ha sido mejor comprendida fuera (en Alemania) que en su propio país.

Autora de guiones de cine e incluso de un libreto de ópera y traductora al alemán de escritores como Cristopher Marlowe, Jelinek ha recibido premios del prestigio del Georg Buechner, en 1998, la más alta distinción en lengua alemana.

Junto a la poesía, la novela y el teatro, Jelinek ha entrado asimismo en el terreno cinematográfico y radiofónico, así como la traducción al alemán de autores estadounidenses.

Hasta ahora, en la lista del Nobel de Literatura había nueve ganadoras: la sueca Selma Lagrloef, en 1909; la italiana Grazia Deledda, en 1926; la noruega Sigrid Undset, en 1928; la estadounidense Pearl S. Buck, en 1938; la chilena Gabriela Mistral, en 1945; la alemana Nelly Sachs, en 1966; la sudafricana Nadine Gordimer, en 1991; la estadounidense Toni Morrison, en 1993; y la polaca Wislawa Szymborska, en 1996.

Su novela más conocida, “La pianista”, fue llevada al cine en 2001 por el director Michael Haneke e interpretada por Isabelle Huppert, Benoît Magimel y Annie Girardot. La película, que consiguió el Gran Premio del Jurado del Festival de Cannes, cuenta la historia de una profesora de piano en el Conservatorio de Viena que al entrar en la cuarentena escapa de la influencia de su madre para ir a cines y espectáculos porno, hasta que, un día, a uno de sus alumnos se le mete en la cabeza seducirla.

EFE REPORTAJES