Ella va en procesión

Federico  Henríquez Gratereaux

La procesión de la Virgen de las Mercedes marchaba en la ciudad colonial precedida por la banda del cuerpo de bomberos civiles. También desfilaban sacerdotes y monaguillos con cruces y gallardetes. Después seguían las órdenes de fervorosos, cada grupo con sus lábaros distintivos. Así era la costumbre en los años 1954-1955. Niños y adolescentes se congregaban en las aceras de las calles para ver pasar la imagen, cargada por casi veinte personas. Esta procesión formaba parte de los espectáculos populares más concurridos de aquella época. Uno de mis amigos vio en una de las filas cercanas a la Virgen a una mujer “de mala reputación”.

Corrió enseguida a comunicarlo a los demás muchachos que esperaban, en “el parquecito triangular”, el paso de la procesión. Gritaba: ¡Ernestora va en la procesión! Era una mujer de largas piernas y nalgas voluminosas. Se la tenía por una “experta en educación sexual”. Entrenaba jovencitos en lo que constituía su especialidad: “el acto venéreo heterosexual”. Ernestora nunca tuvo que ver con relaciones entre personas del mismo sexo. A pesar de ejercer el oficio de maestra en artes amatorias, Ernestora acudía a la iglesia de las Mercedes todos los domingos, a las horas santas, a las procesiones. La religiosidad y la sensualidad eran para ella “asuntos separados”.

Ernestora hablaba con entera libertad a los jóvenes de la zona colonial. Cuando cumplan 18 años, conocerán “la verdad verdadera de la mujer hembra”. Ahora ustedes son menores de edad; “pero cuando conozcan el toto… sus vidas cambiarán completamente”. Ernestora, entonces, arrugaba la cara y declaraba solemnemente -para si y para los muchachos-: “el toto es muy importante”.

Ernestora, mulata de alta estatura, piernas gordas y tobillos finos, tenía el nacimiento de las tetas cerca de las clavículas. Hombros anchos, nalgas casi en la espalda, era lo contrario del cánon de la escultura clásica. No se parecía a la Venus de Milo, ni a ninguna figura femenina del mundo griego o romano. Lo más parecido a Ernestora es una estatua que se exhibe en el patio del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Es una obra del escultor Gastón Lachaise, conocida como “Standing Woman”. Los lectores interesados pueden encontrarla a través de Internet.