Elegio del fracaso

1

Debe ser digno de elogio el hombre que, proponiéndose alguna empresa –trivial o esencial-, pone en ella todo su empeño y fracaso en su propósito.

2

Nos hemos olvidado de los perdedores. Y, sin embargo, el hombre de éxito les debe más de lo que se cree. Les debe casi todo. Pues no podría exhibir su triunfo sino frente al fracaso de los demás.

3

El artista es un tipo especial de inútil fracaso en la vida y de marginal en la sociedad. No sirve para nada. Salvo para, con su obra, hacer de su azarosa vida un logro y de su derrota un triunfo.

4

Exageramos hoy el culto al éxito individual, como si sólo de eso se tratara en la vida. Equilibremos un poco las cosas: hagamos también el elogio universal del fracaso.

5

Seamos compasivos con los perdedores. No olvidemos que son mayoría absoluta en el mundo. Por un segundo, veamos en el espejo de su derrota nuestros propios actos fallidos.

6

El éxito, lo mismo que la gloria, es sólo un fugaz escamoteo de la muerte.

7

Aquel amigo en el extranjero decía haber optado por el fracaso. Creía honesta su opción. Siempre que podía cruzaba el charco y visitaba la isla. Talentoso y locuaz, daba conferencias en las que reiteraba sobre la ciudad, la crisis y la nostalgia. En secreto, aspiraba a ser el gurú de las nuevas generaciones. Desde lejos, la suya era una cómoda opción de viajero, de fracasado en “clase turística”. En el fondo no pasaba de ser otra pose.

8

Ni rendir culto al éxito ni optar por el fracaso. La puesta en cuestión radical de la existencia trasciende ambos extremos.

9

¿Qué sentido tiene afanarse por ser exitoso en un mundo que se empecina en marchar hacia el desastre?

10

Verlo todo color de rosa. Verlo todo negro. Actitudes igualmente legítimas y vanas. Habría que buscar un color intermedio.

11

Ser optimista es hoy una de las variadas y recurridas formas del autoengaño.

12

Pero aún no conocemos las ventajas del autoengaño y los peligros de la lucidez.

13

Autoengañarse puede ser un mecanismo malo para el espíritu, pero…acaso no es esto y tal vez sólo esto lo que le permite a uno seguir viviendo? Benéfico mecanismo, pues.

14

¿El éxito, la eficacia, el resultado final como criterio último de la verdad? ¡Pero qué barbaridad!

15

No hagamos del fracaso una tragedia. No le huyamos como a la peste o al demonio. Reconozcamos sus virtudes, sus bondades, sus oportunidades generosas y únicas. Su enseñanza es siempre saludable: nos señala los límites de nuestras posibilidades.

16

Durante mucho tiempo anduvo sin rumbo cierto. Carecía de metas y ambiciones, de “propósitos” en la vida. Su neurosis era proverbial. Parecía vivir instalado de modo permanente en la angustia. Me es difícil imaginar un ser más angustiado en el mundo. Un día se creyó con derecho a ser feliz. Me consta que hace lo posible por serlo. Siempre ingenuo, identifica la felicidad con el triunfo personal. Aún no ha descubierto los inconvenientes del éxito y las ventajas del fracaso.

17

Secreto de la vida: permanecer indiferente por igual a los elogios y los insultos. No dejarse turbar por los triunfos ni espantar por las derrotas. Pues ganar y perder son simples accidentes en la singular aventura del ser. “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda” (Santa Teresa de Jesús).

18

“¿Por qué no publicas más a menudo?”, me preguntan. “Si lo hicieras, serías más leído y conocido”, me aconsejan. Les respondo que no debe importarnos tanto ser reconocidos por todo el mundo. Se escribe y se publica cuando se tiene algo que decir, nada más; cuando no, se debe callar. Por suerte, todavía podemos contar con el silencio.

19

Evitemos a toda costa crear ídolos para la juventud. Pero si de lo que se trata es de emular algún caso de triunfo personal, entonces seamos modestos y sensatos. Pongamos al alcance de los jóvenes modelos de vida asequibles, posibles, reales, que sean frutos del estudio y el trabajo, del coraje de ser, no la suerte de un deportista excepcional que debe todo o casi todo a su brazo y sus músculos.

20

En las antípodas, éxito y fracaso no son sino las dos caras de lo mismo. Ambos terminan revelándonos la inanidad del ser. Todo es nada.