ELVIRA TAVERAS absuelve a la eterna Helena

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Especial para HOY/¡Alegría!
Uno de los personajes más controversiales y de mayor trascendencia de la mitología griega, lo es sin duda Helena de Troya, símbolo de la belleza que tanto amaron los griegos. Inmortalizada por Heródoto, Eurípides, Homero, no sólo por ese atributo de “belleza pura”, también por sus múltiples veleidades y especialmente por su traición a Esparta al huir o ser raptada por París, a quién amó, acción que finalmente desata la famosa Guerra de Troya.
El personaje de Helena no solo ha sido tratado por los autores de la antigüedad clásica, el gran escritor alemán Johann Wolgang Von Goethe, en la segunda parte de su famoso libro “Fausto”, coloca su personaje en un mundo mágico, que lo lleva al encuentro con el fantasma de Helena, y con ella regresa a la Edad antigua. A mediados del XIX el compositor Jacques Offenbach, inspirado en el mito estrena su ópera bufa “La Bella Helena”.
El dramaturgo español Miguel del Arco en su monólogo “Juicio a una zorra”, coloca a la mítica Helena en el presente. El tiempo ha hecho estragos en su belleza, y presa como en los tiempos mitológicos del placer de beber la ambrosía, néctar de los dioses, cuenta su propia historia desde su óptica, y sin buscar compasión, se dirige al jurado que no es otro que el público. En este magnífico y apasionado monólogo, que además muestra ciertos rasgos dialógicos, el autor asume veladamente la defensa de la mujer, lo que le da un matiz de contemporaneidad. Helena reflexiona, se presenta a sí misma los argumentos y contra-argumentos de su conducta, sólo está consciente de su amor, y de la brevedad de la felicidad, y la libertad, que se diluyen en el tiempo.
La pieza intensa, pletórica de matices, permite momentos de fina hilaridad, que distienden la atmósfera de este drama singular.
Cada matiz es una oportunidad para la actriz Elvira Taveras, que hace galas de un potencial dramático extraordinario. En la medida en que apura una copa tras otra, su intensidad interpretativa se eleva, el silencio se torna meditativo, elocuente, y el movimiento constante se convierte en una coreografía audaz, a lo que adiciona el versátil manejo del vestuario, a veces es la mítica reina, otras, una simple mortal. Elvira nos impresiona con este monólogo, ciertamente maneja este género con exquisita habilidad; desde aquella Señorita Margarita, y luego en las mujeres De Lorca, han pasado varios años, los que le han sumado experiencia, y la posibilidad de superarse así misma, algo evidente sin duda alguna.
El espacio escénico símbolo de la realidad representada, delimitado por columnas, el busto de Zeus y las transparencias, que nos remiten a la Grecia de la bella Helena, así como los elementos accesorios, mesas con botellas de licor, imprescindibles para el refugio de esta Helena de hoy, es una magnífica ambientación realizada por el siempre eficiente Fidel López.
No sé hasta donde llegaba la dirección teatral de Richardson Díaz, y donde comenzaba la libertad creativa de la actriz, pero la resultante fue una fusión teatralmente intensa. El público, el más entendido, se retrotrae a los personajes mitológicos que argumentan las cavilaciones de Helena de Esparta, y finalmente saca sus propias condiciones. ¿Es culpable o no? toda duda es válida, pero la que sí sale absuelta es Elvira Taveras, y en ese veredicto arrastra a Helena, impidiendo “que se arme la de Troya”. Asista y sea parte del jurado, convencido a priori de que disfrutará de una actuación memorable.