Elvis Avilés in Memoriam

Elvis Avilés in Memoriam

La noticia del fallecimiento de Elvis Avilés nos ha golpeado tanto que no lo queríamos creer.

No era posible, rumores acerca de su salud y delgadez, sin embargo, no dejaban prever esta fatal partida a destiempo, perdiendo nosotros a un artista y ser humano excepcional, y él perdiendo la vida… Alegre y brindando optimismo, emotivo y respetuoso, comunicativo y dinámico, definido entre la valentía, la evolución y la plenitud de su obra, era el ejemplo de un creador joven que sabía madurar.

No obstante, él se quedaba al margen del alarde de sus premios, de su reconocimiento, de sus éxitos, y todavía Elvis Avilés mereció más… Su obra pictórica pertenecía al arte contemporáneo, sincero, auténtico, siempre en movimiento, siempre investigando, hallando, arriesgando…

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Dominicanidad

Manda la necesidad de recordar cuánto Elvis Avilés hizo en y por el arte dominicano, cómo desarrolló su itinerario profesional, paso a paso, de tema en tema, atravesando estilos, pero siempre en la dominicanidad profunda que sentía y demostraba, probando cómo la identidad llega a lo universal… Ese capitaleño de nacimiento trabajaba, inmerso en su gran taller casi laberíntico, portador de las huellas seculares de “su” ciudad histórica, abarrotado de telas, en espera de exposición, revisión o conclusión.

Elvis Avilés es el testimonio de que no caben las ideas preconcebidas. De vocación precoz, se graduó en la Escuela Nacional de Bellas Artes y nunca estudió fuera del país. Se adelantó increíblemente a movimientos internacionales y los dominaba -¡hasta se le cuestionó respecto a ilustres influencias!-, y, muy sorprendido, confesó que las desconocía, ni sabía de qué se trataba. Felizmente, la malicia ajena nunca afectó su ardor en renovarse, en enriquecer discurso fantástico e imaginación fantasiosa.

Creación permanente

Había empezado con una pintura costumbrista y relamida de bohíos y campiña. –El Banco Central conserva un cuadro típico de esos comienzos-. Ha mantenido constantemente la temática criolla y popular aun, desde el academicismo modesto de sus inicios hasta la extrema soltura en el tercer milenio..

Él se trasladó de los paisajes rurales a las aldabas y las marañas de alambres eléctricos, al entorno tradicional y las instalaciones inseguras de los barrios nuestros. Luego, circulando en Santo Domingo, su mirada recorrió los muros, sus grafiti, sus cicatrices. Fueron otras expresiones de lo suyo, de esta ciudad intramuros, agredida por el tiempo, el descuido y la pobreza.

Ahora bien, la investigación y la reflexión se pluralizaron: introspección, raíces culturales, sincretismo. Inspirado por los loas del vudú y sus dibujos “vevés”, así el pintor inscribe nuevas huellas.

Una lectura, ignorante de los símbolos antillanos, propondría informalismo, abstracción y colores en la pintura, líneas y grafismos en el dibujo. Ahora bien, creencias, mitologías, leyendas antillanas poblaron sus obras, y el “chupa- cabras” se refugió entonces en lienzos que reinventan la tremenda criatura.

Cual sea el formato, el artista manifestaba una expresión abierta, gestual, efusiva.

Se impuso como abstracto e informalista, de trazos a manchones. Sin embargo, hallamos– y a él le gustaba que interpretemos-, entre estas planicies cromáticas, fauna, flora, personajes, signos, símbolos, que nosotros creemos reconocer. Nos conmovió ver en la entrada al local de su sueño eterno, una libélula… que se abría paso …en la naturaleza abstracta de las pinceladas. Una simbiosis reciente impresionante.

Otro recuerdo inolvidable son el rostro y el cuello carnavalescos de Juampa, pintados por Elvis Avilés, que la lente de Mariano Hernández nos ha legado, y serán pronto página de un gran libro.

¡Elvis, familiar querido y amoroso, prodigio de amistad, artista inconfundible, ya nos estás haciendo falta!

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