La mentada corrupción se beneficia, entre nosotros, de una perpetua amnistía.
Siempre aparecen pretextos para comenzar de ahora en adelante.
Borrón al pasado y nada de cuentas.
Pedimos programas en la campaña pero lo mejor sería que nada ofertasen, nada prometiesen. Mentirían menos.
El candidato reformista tiene más autoridad para prometer porque todavía no ha incumplido como presidente.
Promete perseguir la corrupción aunque evidentemente no le dejarían mirar hacia atrás. Si llegase, todo lo anterior quedaría amnistiado.
Hablar ahora de códigos de ética suena a relajo.
Donde todo se amnistía y prescribe, irrespetando códigos, mentar la ética carece de sentido.