Empleo y desempleo, realidad y percepción

El Banco Central acaba de publicar una página en los diarios con una “Nota aclaratoria sobre las definiciones de Tasa de Desocupación Abierta y Tasa de Desocupación Ampliada”, con el propósito de esclarecer el asunto del nivel de empleo-desempleo que hay en el país. Explicando cómo las diferencias conceptuales se traducen a preguntas distintas en su Encuesta sobre Fuerza de Trabajo. Aparte de cualquiera consideración metodológica sobre si esas definiciones esclarecen o no el real problema del desempleo, conviene reflexionar sobre ciertas diferencias entre realidades y percepciones en cuanto a empleo y desempleo. En las últimas encuestas Gallup el desempleo aparece entre los problemas más acuciosos. En la última, el 54 % entre 18 y 40 años, lo considera uno de los tres principales problemas del país, junto al costo de la vida, la delincuencia y la inseguridad ciudadana. Ligan estos problemas con los bajos sueldos de los policías, y en los grupos de enfoque, también se liga el desempleo con las deficiencias del sistema educativo y la corrupción administrativa del Estado.

Por otra parte, la aludida “falta de empleos” se refiere mayormente al “tipo de empleos que la gente aspira o aceptaría”. Ocurre que: La gente ve como “empleos” solamente aquellos que les agradan, o que realizarían bajo determinadas condiciones de salario, horario, estatus, seguridad social, aire acondicionado, en la sombrita o que el jefe moleste poco. Los que no encajan en esa definición o preferencia, no son considerados empleos ni por los que buscan, ni por los que ni se molestan en buscarlos. Los sociólogos de los 60 elaboraron el valioso concepto de “grupo de referencia”, que puede ser el grupo a que se pertenece, o al que usted quiere parecerse o diferenciarse. En Dominicana y todo el mundo, nadie quiere hacer “trabajo de esclavos”, ni “trabajo sucio”, o riesgoso a menos que la paga o los beneficios colaterales sean razonables, a menos que el solicitante esté muy desesperado, y aún en esas circunstancias la gente es selectiva.

Así, mientras hay gran percepción de desempleo para jóvenes de determinadas áreas ocupacionales y egresados de determinadas universidades, para otros, siempre habrá empleos para escoger. Tenemos una gran masa de jóvenes que estudiaron poco y mal; también falta coordinación y los mercados prefieren sexo, clase, color para determinados puestos. En Chile, los empleadores determinan el nivel socio-económico del solicitante por el lugar donde viven, pero los aspirantes pobres ponen la residencia de un pariente en un mejor barrio para mejorar sus probabilidades de colocarse.

Pero en un país en donde tenemos centenas de miles de asalariados “no-laborantes” en las administración pública, cuerpos de defensa, y demás; y tantos vividores en la política y en los medios (y en las mafias barriales) no es fácil convencer siquiera a jóvenes analfabetos de aceptar, o sea, definir como “posible empleo” algo que no se parece a lo que los espejismos de “Nueva York”, la publicidad, y la política clientelista han establecido en la conciencia colectiva popular como modos “elegibles”, “razonables”, “aceptables” de ganarse la vida.