Empresas: de los grandes éxitos a los estrepitosos fracasos

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ROSER TOLL
EFE-REPORTAJES

Aprovechar una buena idea en el momento adecuado es una de las bases del éxito. Y estas ideas acostumbran a proceder de cabezas jóvenes, con mucha creatividad y poco que arriesgar, afirma Agustí Sala en su libro “Sucedió en Wall Street 2”, de la editorial Robinbook.

 Según Sala, “en Estados Unidos existen personas que se dedican a financiar emprendedores, a diferencia de países como España, donde la gente con dinero apuesta por valores seguros y sólidos”. Por esta razón, los noveles son quienes  rompen con lo que hay, porque son los que tienen menos que perder”, afirma el periodista.

La cinta adhesiva es un buen ejemplo. Su inventor fue un joven ingeniero químico que había dejado los estudios, Richard Drew, y que ingresó con 22 años en la multinacional 3M, donde registró su invento. Más tarde llegó la cinta adhesiva transparente de la mano del mismo Drew. Con los años, esta cinta se ha vuelto un elemento imprescindible en la vida cotidiana de muchos, y ha permitido a la empresa llegar a los 75 años, existiendo al mercado más de 400 variedades del mismo producto.

Las patentes son uno de los negocios más jugosos para estos jóvenes creadores. Los famosos bolígrafos Bic fueron invento de un periodista e inventor húngaro que fue comprado por el empresario francés Marcel Bich, consciente del potencial del invento. Actualmente vende 22 millones de artículos de oficina al día.

Uno de los sectores más beneficiados por las patentes es el de la tecnología. Y es que mucha gente ignora que cada reproductor de mp3 paga derechos a un instituto alemán que inventó el formato. Pero, en tecnología,  también  la línea divisoria entre lo que ha inventado uno y otro es muy débil y demostrarlo es difícil.

La importancia de la estrategia.  Pero una buena idea sin una buena estrategia se muere por el camino. Este es el caso de Apple y Red Bull. Las primeras pruebas que se hicieron de sus productos, no gustaron al público, pero las sacaron igualmente. “El Red Bull surgió de una especie de fórmula que vendían en  las farmacias tailandeses. Un directivo de una multinacional, Dietrich Mateschitz pensó que se podía trasladar a Europa en forma de bebida.

 “Triunfaron porque rompían con lo que había y eran innovadores. La bebida tuvo unos malos inicios, en los bares no se vendía porque creían que se trataba de un medicamento, hasta que se puso de moda en las estaciones de esquí”, comenta Sala. Esta marca supo aprovechar algo que ya existía y crear un nuevo segmento en el mercado con un valor de 2.500 millones de euros, y obligó a Coca-cola o Pepsi a entrar en un nicho de mercado que hasta entonces no existía.

Apple es otra historia. Ipod no creó el formato mp3, pero su mezcla de ingenio y diseño ha alcanzado cifras de más de 100 millones de ventas. “Y de hecho, han conseguido que la palabra Ipod sirva para denominar todos los reproductores de mp3 aunque no sean Apple”, afirma el periodista.

Adaptarse o morir.  El “diseño democrático” ha significado también acercar los productos a más consumidores. El nacimiento de la cadena de muebles Ikea o la misma multinacional Zara, han facilitado que “un modelo que vista Cristina Aguilera y que todas las niñas quieran llevar, sea accesible para todos los bolsillos en un tiempo récord”.

 “El sistema de emulación de Zara, que produce en gran cantidad para abaratar el precio, combinado con la sensación de escasez creada por la misma empresa que nos obliga a correr para comprar una falda que mañana quizá ya no se lleva, dan un resultado perfecto”, asegura Sala. Existe un Darwinismo empresarial: gana el que se adapta mejor al medio. Agustí Sala cuenta como el Wang fue un procesador de textos que se quedó entre el ordenador y la máquina de escribir. “Como no dio el salto al ordenador, murió”.

Internet, nueva era.  Google y Youtube, empresas jóvenes de personas jóvenes, han obligado a grandes empresas como Microsoft a plantearse su existencia. Pero el reto de Internet es ahora rentabilizarlo, ante unos usuarios cada vez más acostumbrados a no pagar por descargar música, por ejemplo.

 “El intercambio de archivos es equivalente a cuando la gente grababa cassettes y no se les perseguía por esto”, afirma Sala, quien argumenta que las discográficas se han equivocado al intentar frenar esta actividad por vía legal en vez de adaptarse.

La industria discográfica se ha resentido mucho y la venta de discos tal y como la entendíamos hasta ahora ya no existe. “Hay que buscar nuevas ópticas, por ejemplo, Peter Gabriel, el cantante de Genesis, se inventó un portal en que la gente se puede bajar música gratis a cambio de escuchar publicidad al inicio de la canción, que ya no pagas”.

Otros han fichado por un promotor de conciertos con los que se gana ahora dinero, como Madonna o Serrat y Sabina. Hasta Paul Mc Cartney se ha espabilado: tiene un contrato con la cadena de cafeterías Starbucks donde, cada vez que suena su música recibe su parte. Según Agustí Sala, “funcionan las empresas que siempre siguen unas directrices claras y no se tuercen. Creen en lo que hacen pero al mismo tiempo saben adaptarse a las coyunturas. Apple se ha basado en ello. Ahora es una industria para el consumo, una industria discográfica y una industria informática: las ha revolucionado y forma parte de todas. La clave está en que se ha reinventado, pero su ADN se mantiene”.

1.  Red Bull

Red Bull pasó de no venderse, por confundirse  con un medicamento, a generar 2.500 millones de euros y crear un nuevo segmento de mercado que forzó a Pepsi y Coca-cola a unirse al negocio.

2. Descargas de música

A las industrias discográficas les cuesta adaptarse al  fenómeno de las descargas gratuitas por Internet, mientras que los artistas buscan como alternativa webs de descarga con publicidad.

3. Ideas + dinero

“Todo el mundo puede ser empresario con tan sólo  una idea y dinero para ponerla en marcha. A partir de ahí, ya no existen fórmulas para el éxito”, asegura Agustí Sala, autor de “Sucedió en Wall Street 2” (editorial Robinbook).