Empresas que se van y trabas al turismo

JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ ROJAS
Nuestro pequeño país, que en esta hora de la globalización, en la cual hay una competencia feroz por atraer la inversión extranjera, debería de echar a un lado su exagerado nacionalismo y creerse que de verdad somos un Estado en el cual todo el mundo quiere invertir debido a las grandes facilidades que ofrece, según piensan las autoridades gubernamentales. Lamentablemente no es así, somos un país paupérrimo rayano en lo que se denomina fallido, sin grandes recursos básicos, con materia prima muy limitada y, lo peor de todo, con un gran atraso tecnológico debido al escaso grado de escolaridad de la población, en especial la adulta.

Mientras otros países, algunos de tamaño similar al nuestro, o más pequeños, como son los casos de Singapur y Hong Kong, se esfuerzan en atraer la inversión extranjera ofreciendo una mano de obra más barata y eficiente (especialmente en electrónica), nosotros nos creemos la “estrella del Caribe”, cobrando el veinticinco por ciento de impuestos sobre beneficios a las empresas extranjeras que se quieren instalar en nuestro territorio. En vez de copiar el ejemplo de Polonia, República Checa, Irlanda, Letonia, Estonia y Lituania, que han descendido este porcentaje hasta un dieciséis por ciento, imitamos el de los Estados Unidos y los de los quince estados originales de la Unión Europea.

En el Caribe hay paraísos fiscales, minúsculas islas que captan más inversión que la que reciben todas las otras islas juntas y cuidado sino hay que meter algún país continental. Tomemos el ejemplo de las Bahamas, Islas Turcas y Caicos, las islas Cayman y porque no, incluir el paraíso para la banca y el transporte marítimo que es Panamá. Si se compara el ingreso per. cápita de estos lugares mencionados, notaremos que el menor quintuplica al nuestro. ¿Vale la pena seguir el juego de país tradicional?

Apuntamos lo anterior con motivo de la partida y venta de la compañía Verizon Holding Corporation, propietaria de Verizon Dominicana, en cuyo traspaso a la América Móvil, S.A., se le está cobrando un impuesto de casi US$400 millones.

Vale la pena preguntarle a la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) ¿cuál fue el monto de la inversión del Estado Dominicano? ¿No cobraba la DGII un impuesto por cada llamada local e internacional? Acciones como las que quiere implantar la DGII le hará mucho daño en el futuro a la instalación de cualquier empresa extranjera que aquilatará el incentivo del 16 o el 20% que cobran países como los antes señalados.

La puesta en venta de las acciones de la Shell es otro indicio que las grandes transnacionales están dispuestas a echar un pie de la República. Con un mercado limitado sin posibilidades de gran crecimiento, ya que nuestro vecino, además de fallido, no tiene ni vehículos ni carreteras y que pudiera tomarse en consideración para fines de ventas, nuestras autoridades debieron ponderar el impacto negativo a nivel mundial que significa la partida de esta multinacional. En el mismo sentido, la Falconbridge Dominicana está también con un pie en el estribo. Debemos mirarnos en el espejo, y pensar que los dominicanos todavía no estamos calificados para manejar empresas tan sofisticadas técnicamente. El ejemplo de la Rosario Dominicana es patético. Somos el único país en el mundo que quebramos una mina de oro.

Hacía mucho tiempo que la República Dominicana debió abolir la factura consular. En efecto, los únicos dos dinosaurios que quedaban que la aplicaban era Paraguay y nosotros. Ahora bien, con la entrada en vigor próximamente del DR-CAFTA, este tratado de libre comercio implica la eliminación de trabas al comercio internacional y esa odiosa factura era un escollo mayor. Sin embargo, los cónsules dominicanos y la Cancillería, acostumbrada a completar los sueldos de su servicio exterior por aquella malsana práctica, al ver disminuidos sus emolumentos, han inventado nuevas formas de expoliar a los dominicanos que viven en el extranjero y a los turistas que nos visitan.

Para justificar un servicio exterior excesivo en comparación con el número de habitantes del país, se han premiado con “botellas” a personas allegadas a funcionarios encumbrados y “políticos” de los denominados de barricadas; es decir, aquellos que con escasa preparación, tienen orquestada unas “tropas de choque” que hacen más ruidos que nueces. Ahora, renovar un pasaporte en un consulado dominicano puede costar más de US$400.00. Una verdadera monstruosidad si tomamos en consideración, que ese ciudadano con sus remesas ayuda a la balanza de pago del país.

Pero en donde estos consulados cometen un “atentado de lesa patria” es en el cobro de visa a ciudadanos de países que no están incluidos para penetrar a territorio dominicano con una tarjeta de turismo. A esos “infelices” se les cobra dos sellos de US$30.00 cada uno. US$20.00 para la Secretaría de Estado de Relaciones Exteriores, sellos internos por trámites, subterfugio para que el señor Cónsul reciba “lo suyo”. Varias llamadas telefónicas a dicha Cancillería, enviar la solicitud por DHL, Fedex, UPS, o cualquier otro correo, para obtener el visto bueno.

En resumen, una visa le puede costar, entre US$300.00 y $400.00 al libre albedrío del Cónsul. Y nos preguntamos ¿será el turismo una prioridad de la República Dominicana?

Si seguimos con esa política “rompe brazos”, seremos el que tendrá el menor desarrollo de todos los países que conforman el DR-CAFTA. Necesitamos funcionarios de visión futura o nuestro desarrollo irremediablemente involucionará.