En agradecimiento a la CAASD

POR DOMINGO ABRÉU COLLADO
Hasta nosotros ha llegado una comunicación sumamente interesante. Se trata del agradecimiento y reconocimiento -profundos por demás- de varias organizaciones hacia la Corporación de Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD).

Las organizaciones agradecidas son, entre otras, la Asociación de Vendedores de Amortiguadores y Muelles (ASOVENAMU), la Unión de Reparadores de Chasis (URECHA), la Federación de Reconstructores de Parachoques (FEREPA), el Frente de Gomeros y Gomeras de Santo Domingo (FREGOGOSA), la Asociación de Importadores de Amortiguadores y Afines (ASOIMAAF), la Sociedad de Distribuidores de “Cajebolas”, “Robelin”, “Boleféricas” y “Busins” (SODISCAROBOBU) y doscientas treinta y tres firmas más.

Explican los contentosos, que su agradecimiento a la CAASD se fundamenta en que, gracias al tiempo que se toma dicha institución en cubrir las zanjas que abre, una buena cantidad de vehículos resulta “en dificultades” que luego son asistidos solícitamente por los padres de familia que encuentran su sustento y el de sus hijos en la venta y reparación de las piezas y accesorios que resultan relativamente modificados con el sorpresivo encuentro entre los vehículos y las zanjas en cuestión.

Agradecen también los asociados y sindicalizados padres de familias, el hecho de que, cuando se cierra una zanja, la diferencia de nivel que queda entre el asfaltado original y la recién cubierta zanja motiva giros incontrolables y ligeras zacudidas en los vehículos ocasionándoles “otras dificultades” que dichos asociados y sindicalizados siempre están prestos a resolver, lo que por otro lado genera beneficios que ayudan a la economía del país.

Finalmente, el grupo de organizaciones firmantes consideran atinada y beneficiosa para “el pueblo humilde y trabajador” y para los “esforzados padres de familia”, la estrategia de la CAASD de ubicar aquellas carreteras y calles recién asfaltadas para rápidamente coordinar la apertura de sus respectivas zanjas, a fin de colaborar con el movimiento económico que éstas zanjas generan y contribuir así con el desarrollo, el crecimiento económico, la modernización del País, la reducción del desempleo y la erradicación de la pobreza.

Dichas organizaciones elevan sus preces porque la CAASD mantenga esa política y multiplique sus esfuerzos en beneficio de la “clase choferil”, la “clase gomera”, la “clase mecánica”, la “clase comerciante de repuestos”, la “clase desabolladora”, la “clase pintora” y las demás clases sociales en que tan especialmente se divide la sociedad dominicana.

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Piedras en el camino… o al lado

Una canción de principios de los años sesenta, interpretada por Cortijo y su Combo, y cantada por Ismael Rivera, sonaba como “yo no quiero piedra en mi camino, no quiero no, pero déjame ir, déjame ya. Yo no creo en cosas del destino, y qué voy a hacer, si yo sé que tú no eres para mí”. Muchos la recordarán.

Encontrarse piedras en el camino… o en la carretera, que viene a ser lo mismo, es la alegoría de encontrarse problemas en la vida, cosa que nadie quiere.

Pero a veces las piedras ni en el camino están, sino al lado del camino… o de la carretera, que ya dije que viene a ser lo mismo. Y estando al lado del camino uno se tropieza con ellas, solo por no ver claramente hacia delante e inopinadamente salirse del camino.

Pero lo peor ocurre cuando uno tiene que continuar por el camino -por las razones que sean y del peso que sean- y tiene uno que seguir arrastrando la piedra a puros puntapiés, hasta ver si alguna vez, en virtud de un certero puntapié, la piedra se sale finalmente del camino.

En ocasiones hay quienes prefieren saltarse alegremente la piedra, yendo entonces a tropezar y partirse la boca además del pie. O quienes prefieren cubrirse los ojos y torcer en el camino para ir a dar entonces con otra piedra más grande.

Yo creo, en realidad, que lo mejor tiene que ser mirar bien la piedra, estimar su peso, empujarla ligeramente, y si no cede, entonces rodearla y seguir el camino.

Nadie quiere piedras en el camino, pero siempre va a haber piedras en todos los caminos, porque las piedras ruedan y los caminos no pueden evitarlas, no pueden esquivarlas, no pueden salirse de su paso. Nosotros sí podemos evitarlas, esquivarlas, salirnos del paso. Principalmente si contamos con experiencias de otros caminantes y con algunos dedos rotos.

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La Autopista del Coral

Entre las bondades que preconiza la construcción de la “Autopista del Coral” están: que “El impacto ecológico de la obra el mínimo. Los terrenos afectados por la obra son, en su mayoría, potreros y sembradíos de caña de azúcar. En su trayecto no existen ecosistemas que pudiesen ser alterados significativamente por los trabajos de construcción y por la operación de la carretera…” Que “con velocidades de diseño superiores a 100 km por hora en todos los tramos, el corredor permitiría llegar de Santo Domingo al Aeropuerto Internacional de Punta Cana en menos de dos horas”. Que “con esta facilidad vial, los visitantes a los polos turísticos orientales tendrían un rápido acceso a las actividades comerciales, recreativas y culturales de la ciudad de Santo Domingo”. Que “la nueva autopista representaría el eslabón final de un corredor de 172 kilómetros que comunicaría la ciudad de Santo domingo con los polos turísticos situados en el Este profundo”. Que “desde una perspectiva más general, el nuevo tramo vial servirá como un importante eslabón para consolidar el sistema de comunicaciones terrestres entre Santo Domingo y la activa economía agropecuaria y de servicios aledaña a la ciudad de Higüey”…

Pero, ¿Y qué es lo que le ha hecho San Pedro de Macorís a los proyectistas? ¿Qué es lo que le falta a San Pedro para ser incluido en los proyectos de desarrollo turístico? ¿Porqué, en vez de seguir dándole de lado, no se le incluye en el gran proyecto turístico del Este? ¿Porqué esta Autopista del Coral no pasa bordeando la costa de San Pedro de Macorís, ampliando su malecón y conectando esa ampliación con la salida hacia La Romana?

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De flores y ganado

Por alguna razón el cultivo de flores en Constanza me recuerda a los hatos ganaderos de Hato Mayor y El Seybo.

Hato Mayor, El Seybo, Los Llanos y otras ciudades del Este se consideraban ricas por la cantidad de hatos ganaderos que habían en esa región. Sin embargo, la pobreza también era grande, naturalmente, en la población. Los ricos eran los dueños de los hatos. Y estos eran los menos, mientras que los pobres eran (naturalmente) los más.

En Constanza -si no es errada la apreciación- la riqueza se muestra enorme en sus cultivos de flores, pero entre la población se palpa la pobreza, enorme y triste.

Grandes áreas sembradas de flores resultan en grandes ganancias para pocos dueños, mientras que resultan muy reducidos los beneficios que llegan hasta la población por concepto de tan oloroso producto, si es que puede llamársele beneficio a sobrevivir.

En el Este, sigue siendo grande la ganadería y sigue siendo grande la pobreza. Nunca será entendida esa contradicción entre tanta riqueza de tierras y tanta pobreza en la gente.

En Constanza, las flores no mugen, encantan con su belleza colorida. Pero no obstante tanta belleza, como en el Este, es contradictoria reinando sobre tanta pobreza.