En Berri los “Caracoles” de Milagros Guerra

MARIANNE DE TOLENTINO
La   pasión por los experimentos no contradice la inclinación de Milagros Guerra por la pintura de temas inspirados por la naturaleza. Por el contrario, así como investiga materias y procedimientos, elige y trata los motivos naturales.

Magnificaba las flores y “surrealizaba” sus ramos, comunicando a la composición una originalidad moderna dentro de un género secular.  Fundió la flora y la fauna, al plasmar las mariposas que un poeta llamó “flor sin tallo que revolotea”.

Hoy la pintora cambia de elementos, ya no es la tierra, sino el agua; ya no son flores y mariposas, sino caracoles, o si preferimos, unas “flores del mar”, a la vez extrañas, insidiosamente decorativas y seductoras, siendo cada obra un ensayo visual. Nos quedamos en el campo del experimento y la investigación, y Milagros volvió a integrar la tradición y la modernidad, con una mirada cruzada entre lo antiguo y lo presente.

En la galería de arte Berri, situada en el corazón  de la Ciudad Colonial, los cuadros de esta serie, muy bien dispuestos y sin marco, destacan el propósito de hacer un arte actual: las obras se alían perfectamente con un entorno secular, íntimo y bellamente acondicionado.

Historia y exposición. Los caracoles siguen coleccionándose, pero hasta el siglo XIX formaban parte de los gabinetes de curiosidades, donde unos ricos apasionados guardaban objetos heteróclitos y organismos otrora vivos,  frecuentemente de  las ciencias naturales, y puestos a la disposición de los estudiosos. Ahora bien, la actualidad de estas pinturas se impone porque la autora  no ha querido representar unos mariscos, tampoco referirse a sus especies respectivas, el contexto mimético le interesa mucho menos que transmitir una simbiosis de fuerza y poesía, una paleta que combina gamas austeras y cromatismo irradiante, el acuerdo de estructuras y líneas,  la alternancia de texturas emergentes y lisas. En ello, su figuración se aproxima a las prioridades de la abstracción, sin descartar el interés estético que provoca la vertiente insólita de formaciones minerales, entre la geometría y una morfología de variaciones infinitas. Luego, Milagros Guerra magnifica las conchas y las agiganta. Las orillas del cuadro apenas las contienen, y se apoderan del espacio. Es entonces cuando la realidad biológica bascula, se mece, en la fic ción plástica, y el caracol surrealizado se evade hacia el sueño. El estremecimiento que provocan esas dimensiones interiores incrementa el alcance de las impresiones visuales y nos obliga a prolongar la mirada. La ensoñación se extiende más allá del lienzo…

Milagros Guerra ha compartido con nosotros la fascinación que ejercieron sobre su sensibilidad los caracoles, habitantes de los mares tropicales y maravillas inmemoriales de la Creación. Como siempre, aunque no lo proclama directamente sino a través de las emociones del arte, ella defiende hermosamente la naturaleza y la vida.

Zoom

Exposición

Milagros Guerra se dejó seducir, al igual que sus pares del clasicismo, por aquellas envolturas fascinantes. Ella las convirtió en una meditación pictórica, en juegos de colores y tonos orquestados tanto por la luz como por la forma. En estos matices, en estas armonías, varían de una tela a otra.