En busca de un final sin traumas

Los que todos los días estamos obligados a circular por las calles de nuestra querida Santo Domingo de Guzmán, hemos venido observando con detenimiento y gran preocupación el deterioro total del tránsito vehicular y cada vez necesitamos el uso de la prudencia no sólo por el mal comportamiento de los Amet encargados de dirigir tan importante servicio, que han llegado al colmo de la estupidez cuando en cada esquina se convierten en semáforos humanos, pretendiendo ser más inteligentes y eficaces que los equipos electrónicos de hace mucho instalados y bien estudiados, aunque su mantenimiento sea tan ineficaz, desgraciadamente estamos viviendo el período más difícil de nuestra historia vehicular y todo por existir una dirección técnica improvisada. Será necesario un nuevo gobierno de otro partido político, que tenga voz y voto y sepa ejecutar y vigilar sus instrucciones.

Otro de los problemas nacionales es el endeudamiento nuestro, que ya alcanza casi el 50% del PIB, lo cual constituye la amenaza más grande para nuestra ciudadanía. Ya estamos al borde del abismo, aunque diga lo contrario alguna institución, lo cual se agravaría mucho más si oficialmente adelantan el período electoral, que aún no está en su máxima expresión. ¡Qué Dios proteja a este país! Porque transita por un camino desacertado. El anuncio del final será muy doloroso y lleno de trampas y asechanzas. Entonces, la razón nos dice que hay que controlar los nervios y establecer estrategias flexibles, porque todos los ciudadanos necesitamos ideas claras y soluciones realistas sin escarceos ni debates artificiales y mucho menos con retóricas vacías de contenido. Se necesita crear empleos y servicios sociales, sin corrupción y sin los parches que suelen poner los políticos de escasa preparación o sin ninguna capacidad ni formación.