En el Banco Central, dos escultores jóvenes, Trinidad y Vilorio

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El Banco Central de la República Dominicana, a la usanza de los grandes Bancos Centrales de América Latina, incentiva el arte y presenta actualmente una exposición de dos artistas, que nos permite ver el contraste entre dos corrientes de la escultura dominicana

POR MARIANNE DE TOLENTINO
En el imponente vestíbulo de la Torre de Oficinas, el Banco Central se ha montado una exposición original, que agrada por su concepto y sus objetivos. Dos artistas jóvenes, pero  con más de diez años de oficio y exhibiciones públicas, Juan Trinidad y Limber Vilorio, fueron invitados a mostrar sus obras recientes, que refieren a dos corrientes del arte dominicano. El montaje, que era difícil, ha destacado la distancia estilística entre dos escultores de una misma generación. Los visitantes -la entrada es libre- podrán valorar a dos personalidades, a dos tendencias. El hecho de que sea una muestra individual “a dúo” facilita la apreciación.

Dos trabajadores encarnizados

“Crea como Dios, ordena como un rey, trabaja como un esclavo”. Es el consejo que daba el famoso escultor italiano Constantino Brancusi a un joven colega. Lo hemos recordado viendo las esculturas de Juan Trinidad y Limber Vilorio y mucho más porque los conocemos personalmente.

Crear como Dios es una metáfora… pero lo cierto es que ambos artistas están continuamente en proceso de creación, ideando, inventando, soñando.

Ordenar como un rey… se dirige no a la gente, sino al proceso de ejecución, a los elementos y nuestros dos expositores actúan con sus respectivos materiales, ¡como monarcas absolutos!, sometiéndoles a las fantasías de su inspiración y a los rigores de su oficio.

En cuanto a trabajar como esclavos, pocas veces hemos conocido a artistas que trabajan tanto, sin límite de tiempo, desde el alba hasta la noche, aunque la esclavitud voluntaria de ellos proviene de sus mismas impulsiones creadoras, de una necesidad interior, de proyectos en camino desde que una obra ha sido terminada.

Y lo que nos parece especialmente interesante es que dos artistas, dominicanos, ambos, perteneciendo a la misma generación, tan similares en su actitud, en su compromiso total con el arte, hagan obras tan distintas en una misma categoría plástica, la escultura.

¿Representan ellos dos extremos? No lo creemos, sus obras respectivas nos refieren a la libertad de formas, de colores, de materiales, que identifica el arte de hoy y la escultura en particular, a inicios del siglo XXI y podríamos decir el arte desde el siglo pasado. Y ese fenómeno se produce en todo el mundo occidental y americano, sin exceptuar a nuestro país. Portavoces de esa libertad creadora son, Juan Trinidad y a Limber Vilorio.

Juan Trinidad

Observamos que Juan  Trinidad -cuyas obras han sido agrupadas- se sitúa en la tradición de la escultura dominicana, con sus formas y volúmenes verticales, con sus tallas en madera, con su preferencia por la abstracción. El artista saca los mejores efectos de su material predilecto, el roble, dándole a la vez una sustancia dura, tierna y viva.

Sus cortes, sus indulaciones, sus ritmos interiores animan esas estructuras, cuales cuerpos que el artista ha sacado y modelado desde el tronco bruto. A menudo el artista tiñe de negro la superficie, como si fuera ébano. No obstante algunas conservan su color natural y creemos que ello permite percibir mejor la textura y hasta los leves accidentes de la madera.

Ahora bien, la impresión vital se fortalece cuando descubrimos que a las curvas y líneas puras, se mezclan figuras… Brotan rostros y perfiles, de una quietud infinita, entregados al sueño o a la introspección, como si fuera la esencia de la condición humana. Y esa paz continúa reinando, si miramos, las formas dentro del espacio. No agreden el entorno, no lo perforan, se alojan en el medio ambiente y lo convierten en plenitud visual.

Viendo las obras de Juan Trinidad, recordamos, salvagurdando las distancias- el famoso Bosque de Antonio Prats-Ventós, maestro perenne de la escultura dominicana.

Limber Vilorio

Limber Vilorio es completamente distinto, y ofrece un ejemplo de los contrastes expresivos que encontramos en los lenguajes del arte dominicano. Sin embargo, Limber es un artista extremadamente académico, que podría haberse mantenido en el estilo neoclásico más puro, en la figuración más refinada, en las técnicas seculares -tanto de la pintura como de la escultura-. Así lo conocimos, en edad adolescente -cuando ganó un concurso internacional- y lo seguimos desde entonces. Era uno de los jóvenes artistas más exitosos y buscados por los amantes del “arte bonito”

Un día él decidió cambiar, y simultáneamente construyó un escafandro (¡!) y atravesó la ciudad, ante el asombro de los transeúntes: fue la primera denuncia de las desgracias del peatón… debiendo “blindarse” para quedar vivo. Limber pasó !Pasó de ahora en adelante a un  repertorio contemporáneo, audaz, chocante para algunos, que se niegan a tomarlo en serio!.

Así mismo, habiendo encontrado su tema, él lo siguió investigando durante muchos años. El caos del transporte urbano, las desgracias del automovilista, la “prepotencia” del carro y los peligros que asechan sin piedad a quien camina y cruza las calles. Fueron dibujos, pinturas y esculturas estremecedoras.

Ahora bien, su visión se ha ido aligerando. De la (casi) tragedia ha evolucionado hacia el humor y la sonrisa. Limber propone una expresión muy contemporánea, el arte lúdico: se divierte y nos divierte creando. Así él utiliza piezas de carros y transforma el objeto. Los tubos de escape, repintados, provistos de accesorios, se convierten en un mundo de pequeños personajes de la vida diaria. Los vehículos se miniaturizan, se reconvierten, varían sus formas, se erizan de llamas y puntas, comunicando hechos sociales y sugiriendo problemas.

El escultor figurativo absoluto reaparece cuando Limber vacía gomas de carro en yeso, o construye, dando una ilusión de realidad perfecta, un neumático en cápsulas de balas. Hay que acercarse para percatarse de ese hiperrealismo sobrecogedor…

Coda

Gracias a esta exposición en el Banco Central, la escultura dominicana, tan olvidada, tan maltratada, tan poco presentada públicamente, puede plantear su vigencia, mediante las realizaciones de dos jóvenes talentos dominicanos, Juan Trinidad y Limber Vilorio.

Lo cierto es que el gobernador del Banco Central, Héctor Valdez Albizu, demuestra una increíble sensibilidad e interés por el arte y el director del Departamento Cultural, José Alcántara Almánzar, una eficiencia y una dedicación admirables, en el campo del arte y la literatura.

El Banco Central da un ejemplo institucional formidable de estímulo a la creación y de solidaridad con los creadores.

Esta exposición de Juan Trinidad y Limber Vilorio constituye un nuevo testimonio de su generosidad y compenetración con el arte dominicano.