En el banco de hierro

Federico Henriquez Grateraux2

–Tizol detuvo su automóvil en la calle Colibrí. Como otras veces, no lo hizo frente a la casa de Edelmira sino a cierta distancia. En vez de caminar hacia la puerta, dio la espalda y tomó una calle transversal. No dejó de mirar hacia el acogedor jardincillo de la viuda. Dobló en la cuadra siguiente y paró en la entrada del taller de herrería. Penetró despacio, mirando el patio, a esa hora solitario. Detrás de él oyó una voz desconocida. –¿Qué se le ofrece, señor? –Busco a Pirulo. –No está aquí, contestó secamente. Era un tipo obscuro, de pelo crespo, vestido con “overall”.

Tizol avanzó hacia el banco de hierro con la idea de esperar a Pirulo. –¿Él volverá al taller? –Sí, volverá. Sentado ya en el banco vio aparecer un hombre; era el cura Servando. Se levantó para saludarle. –Ayer Pirulo me habló de usted y hoy lo encuentro en persona, dijo el cura. El sujeto del “overall” sonrió frente a Servando. –¿Dónde ha ido Pirulo? –Fue a entregar un trabajito a una mujer. Entonces se retiró al fondo del patio. –¿Padre, quién es ese hombre que recibe a los que llegan? No parece muy amable; aunque a usted le ha tratado mucho mejor que a mí.

Servando y Tizol, acomodados en el banco, tenían la compañía de una perra, recostada a poca distancia. –Es un ayudante de Pirulo que habla poco; un hombre cerrado como una ostra; le llamo Bivalvo; es una buena persona muy poco comunicativa. –Me parece que por estas calles vigilan a los extraños. Dejé mi vehículo lejos del taller. Supe por mi patrón que las visitas a la viuda para comprar la casa “fueron reportadas”. Tal vez sea, simplemente, una falsa impresión.

–Los curas tenemos más tiempo para pensar en los enigmas del bien y del mal, en los problemas sociales de la pobreza y de la riqueza, las sorpresas del amor y la sexualidad; también en los misterios de la salud y la enfermedad. Pero las peleas por dinero llevan al espionaje. Es una época difícil la nuestra. Leí un cuento de un judío: “El rabino que perdió la fe”. Hasta los sacerdotes están confundidos. ¡Es una lástima!