En el Día de los Maestros

Los maestros conforman uno de los sectores de servicio más comprometidos con el futuro y con el reto de mejorar las condiciones de esta sociedad. Hoy es su día y al exaltar su labor y congratularles debe mencionarse la coyuntura que les toca vivir junto a la nación a que se deben. Puede afirmarse que el sistema educativo entró de lleno ya en un proceso de cambios aunque solo el tiempo dirá si como resultado de la atención mayor recibida del Estado la enseñanza cumplirá mejor sus fines. El vuelco presupuestal que desde el 2013 tiene efecto va multiplicando considerablemente el número de escuelas públicas.

Al mismo tiempo se pone atención al desempeño de los docentes que pasarán a impartir más horas de clase y a trabajar con alumnados numerosos atraídos por las nuevas infraestructuras. La expansión material por sí sola no garantiza que las escuelas serán mejores. Habría además que adecuar métodos y programas a nuevas exigencias; dignificar la función educadora con remuneraciones acordes con su importancia involucrándolos en procesos de capacitación, lo que pondría a prueba en muchos de ellos las condiciones para superarse. El magisterio está llamado a jugar un rol de mayor trascendencia y resulta oportuno subrayarlo en su día. Habiéndose suscrito un Pacto por la Educación, el propósito de hacer posible los objetivos consensuados llama significativamente a los maestros a cumplir su parte.

Los estímulos a la informalidad

Está visto: no basta con crear impuestos. Conviene que sea práctico cobrarlos y que el contribuyente pueda pagarlos sin perjuicio de su actividad productiva. Entre las causas de la informalidad en la economía están las tributaciones complejas y de magnitudes que no se compadecen con los tipos y envergaduras de los negocios.

El empeño de gravar demasiado -incluso queriendo que se tribute por adelantado- a múltiples industrias, comercios y servicios de modesta inversión hace que muchos emprendedores huyan de las regulaciones que tienen el efecto de aumentar sus costos; y también lleva a empresas grandes y medianas a cubrir con informalidades una parte de sus operaciones. El Estado tiene que cuidarse de no estimular esas tendencias, entre las que aparece el marginarse mediante violaciones a la ley -o aprovechando vacíos legales- de la seguridad social con grave perjuicios para los asalariados.