En el grupo de los más endeudados

RAMÓN NÚÑEZ RAMÍREZ
En menos de cuatro años, gracias a la contratación masiva de deuda externa, la Republica Dominicana pasó de ser una de las naciones menos endeudadas de América Latina a una de las más endeudadas, hasta tal punto que un oficial del Fondo Monetario Internacional consideró recientemente que rebasámos, al igual que varios países centroamericanos, los niveles prudentes de deuda pública.

Desde la caída de la tiranía y a pesar del país abrirse a los flujos de recursos externos para financiar proyectos o déficit de balanza de pagos, el nivel de endeudamiento público ha sido relativamente bajo y además con un perfil adecuado en donde el mayor porcentaje de los acreedores lo constituyen los organismos multilaterales y gobiernos amigos que han prestado recursos a bajas tasas de interés y largos períodos de amortización.

Así cuando el doctor Balaguer se retira del poder en el año 78 la deuda externa representaba el 26% del PIB, nivel que se incrementó en las dos administraciones del perredé (¡qué coincidencia!) para llegar en el 1984 a 81% del PIB y cuando el doctor Balaguer retornó en el 86 era 60% del PIB. Gracias a las reformas económicas del 91 y un manejo prudente del endeudamiento externo el doctor Balaguer entregó al primer gobierno del doctor Leonel Fernández con un nivel de 25% del PIB y éste a su vez la redujo al 19% del PIB, uno de los más bajos en toda la región.

Aparte de ese bajo nivel, el perfil de la deuda estaba conformado por un 81% de acreedores oficiales(organismos multilaterales y gobiernos)mientras los privados(bancos y suplidores)apenas representaban el 19% de la totalidad de la deuda externa. Es con esas características que organismos como la CEPAL recomendaron la utilización del crédito externo para compensar posibles reducciones en la generación de divisas: “En caso de que se reactivara la restricción de balanza de pagos, por ejemplo, por el crecimiento del déficit comercial, se podría acudir al endeudamiento, cuidando de no disparar la carga del servicio de la deuda. El acceso al financiamiento externo que el propio país ha evitado durante mucho tiempo, debería ser considerado nuevamente como un expediente válido para promover el desarrollo económico y social de la República Dominicana”. (“Desarrollo económico y social en la Republica Dominicana”, CEPAL, agosto del 2000, pag.VI-47).

Tan pronto asumió el gobierno Hipólito Mejia, un Congreso dominado mayoritariamente por su partido comenzó aprobar cuanto contrato de deuda fuese sometido, mientras el influyente asesor y virtual jefe del equipo económico tras las sombras, pregonaba la necesidad de endeudarse porque justamente nos encontrábamos por debajo del promedio latinoamericano. Bajo el cariñoso título “Queridos dinosaurios” la Fundación Economía y Desarrollo, en su sábado económico del 8/6/2002, mostraba a la RD con un nivel de endeudamiento del 19% en relación al PIB, para un promedio del Caribe y América Latina de 48.7%, mientras el conjunto de la deuda interna y externa apenas representaba el 22%, para un promedio continental de 66.2%. Lógicamente con un Presidente montado en el carro de la reelección la sinfonía que tocaba el asesor económico encajaba perfectamente en su proyecto, dentro de los cuales la expansión del gasto, por el medio que fuere, era una de las fichas claves del proselitismo y el clientelismo. ¡A endeudarse se ha dicho!

El gobierno duplicó los compromisos externos y como el asesor se encargó de modernizarnos insertándonos en los mercados de capitales, se contrató deuda soberana por US$1,100 millones, más el endeudamiento con suplidores y bancos extranjeros elevaron la proporción de la deuda privada en relación al total de la deuda externa desde 19%(como la dejó el primer gobierno del doctor Fernández)a 35.4%, modificando un perfil histórico de la deuda con baja proporción del componente privado y mayor proporción de deuda oficial.

También la deuda interna aumentó vertiginosamente pues las acreencias con la banca privada aumentaron desde RD$6,348.4 en agosto del 2000 a RD$21,174 millones en agosto del 2004; también los pagos pendientes con contratistas y suplidores y finalmente el rescate de los grandes depositantes de Baninter y las otras entidades quebradas impulsaron la deuda interna desde 3% del PIB en el 2000 hasta 18.6% en el 2004.

En apenas cuatro años el gobierno de Hipólito Mejia elevó la deuda externa de 19% a 33.5% del PIB y la deuda externa más interna como proporción del PIB se incrementó desde 22% hasta 52.1% para situarnos, como decía el oficial del FMI, en un punto que rebasa los niveles prudenciales y muy por encima del promedio razonable, que sería un máximo de 40%.

Este incremento exagerado e irresponsable del endeudamiento, que no fue utilizado como proponía la CEPAL, para “promover el desarrollo económico y social de la Republica Dominicana”, va a pesar muchos años sobre las finanzas públicas y lo que es peor el servicio de esa deuda va a competir con el gasto en infraestructura y el gasto social.

Gracias a ese endeudamiento será necesario una reforma impositiva que eleve en varios puntos la presión tributaria y no una reforma neutra o compensatoria como algunos han señalado, y, gracias a ese incremento de los compromisos externos e internos, este gobierno y los que le sucedan deberán dedicar como mínimo 4% del PIB cada año para reducir los montos y volver a los tiempos en los cuales el país exhibía un nivel de deuda por debajo del promedio latinoamericano.

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