En el Mes de la Familia el matrimonio

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POR CLAUDIA  HERNÁNDEZ DE ALBA
¿Qué obligaciones mutuas tienen los cónyuges? En su epístola a la iglesia de Efeso, el apóstol Pablo estableció algunas directivas muy buenas para los esposos. A los hombres les dijo: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a su iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.”

A las mujeres les dijo: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor.” Este tipo de relación produce un matrimonio sin tensiones.

El marido debe estar dispuesto a sacrificarse por el bien de su esposa. Si la ama lo suficiente para estar dispuesto a entregarse a si mismo por ella, tal y como Jesucristo lo hizo por su iglesia, entonces la esposa estará dispuesta a someterse a su dirección, porque sabrá que su esposo está procurando su bien y siempre está dispuesto a poner los intereses de ella por encima de los suyos.

De la misma manera, la esposa tiene la capacidad de procurar que su esposo esté a la cabeza de la familia, animándolo a desempeñar su papel apropiado como sacerdote en la casa. Debe alentarlo a que busque a Dios y averigue lo que el Señor le está diciendo a la familia. Podrá lograr que su marido crezca y, mediante su disposición a someterse a él, darle un sentido de responsabilidad para que desempeñe el papel que le corresponde.

El que insiste siempre en sus “derechos” destruye la relación matrimonial. Si el esposo le dice a su esposa: “Debes obedecerme porque eso es lo que dice la Biblia”, la estará enajenando. Al mismo tiempo, la esposa que se niega a someterse a su marido y pelea con él siempre, hará que el hombre tenga aprehensiones respecto a seguir al Señor. Comenzará a pensar: ¿Qué sucederá si recibo un mensaje de Dios? Solo encontraré oposición en mi esposa, de modo que lo mejor será que siga mis propios deseos y que le deje a ella hacer lo que quiera. Esas actitudes separan a las parejas mientras que las normas de Dios las unirán cada vez más.

El marido que se aparte de las leyes de Dios e insista en que su esposa haga lo mismo, habrá perdido su mandato de autoridad. Dios no les dio a los maridos la orden de violar su ley, maltratar a su esposa, dedicarse a practicas sexuales extrañas o animar a su esposa a robar, mentir, hacer trampas o emborracharse. Sin embargo, en tanto el marido esté obedeciendo los mandatos del Señor, la esposa debe someterse a su dirección, aun cuando esté en desacuerdo.

La norma de Dios es la correcta; aunque, en muchos matrimonios, la esposa tiene mas capacidad que el marido. Lamentablemente, las mujeres con grandes dotes suelen casarse con frecuencia con hombres que no tienen mucha capacidad. Esa esposa debe resistir la tentación de dominar a su marido. A veces el hombre tomara decisiones que la mujer considera erróneas. En esos casos, debe tratar de persuadir con mucho tacto a su esposo de que está equivocado o tendrá que orar para que el Señor cambie el modo de pensar de su esposo. Al casarse, una mujer le cede a su marido una porción de su autonomía. Ha de confiar en Dios para que su voluntad sea cumplida. Sin embargo, un marido que quiera que su esposa rechace a Dios, que participe en practicas sexuales en grupo o que cometa algún acto que va obviamente en contra de la ley de Dios, habrá perdido su autoridad. La lealtad primordial de la esposa es hacia Jesucristo y debe seguir a su Señor. Por tanto, no podrá someterse a nada que sea ilegal o antinatural.

Es importante recordar que los esposos son socios. Alguien señaló muy atinadamente que la mujer fue creada del costado del hombre, y no de su cabeza o su pie. No debe dominar a su marido, ni tampoco debe permitir que su esposo la pisotee. Los cónyuges deben ser socios en la vida y compartir una relación vital que reconozca que el hombre está a la cabeza de la familia, en tanto este sometido a Cristo.

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