En el palacio

El lujo y la ostentación son cosas comunes en el rico Estado de Qatar. En la mañana del martes 4 de noviembre, el Presidente Fernández bajó solo desde la suite que ocupaba en el Ritz Carlton para cumplir el primer punto de su agenda en el inicio de su visita oficial al Golfo Pérsico.

A la salida del hotel ya estaban colocados los vehículos de la caravana asignados por el Emir y aquello resultaba impresionante. Para uso del Presidente se asignó un Mercedes Benz S600-2009 y para el resto de la comitiva  otros Mercedes y BMW de color negro de última generación. A la prensa se le ubicó en dos modernas y espaciosas jeepetas Cadilac último modelo, amén de un celoso y no disimulado equipo de seguridad.

El destino era el Palacio Amiri Diwán, donde el Emir Hamad Bin Khalifa Al Thani recibió de manera oficial al Presidente Fernández y su comitiva. Se trata de un edificio majestuoso y enorme, de arquitectura tradicional. Después del chequeo rutinario de seguridad, el equipo de prensa fue conducido hasta un gran salón con decoraciones exquisitas, alfombrado y con no menos 300 sillas colocadas bordeando la pared. Las fotos no se hicieron esperar y nos las hicimos sentados en sillas, de pie al centro del salón y de espaldas a los portones dorados, aparentemente construidos de bronce y bordes en oro.

Pero el innegable derroche de riquezas que se percibe en Qatar no se aplica a determinadas tradiciones. En aquel Salón Real, se nos invitó a tomar té, algo de uso protocolar, pero el sirviente Real solo disponía de tres tazas para seis personas. Cuando terminaba uno, servía al siguiente en la misma taza, algo que no pareció del agrado de Annia Valdez, subdirectora de Prensa, que desestimó el brindis.

El Emir recibió al Presidente Fernández a las puertas del Palacio, la ceremonia se efectúo sobre una alfombra roja. Para la ocasión se invitó al gabinete del Emir y al Cuerpo Diplomático acreditado en Qatar, pero por razones religiosas y de tradición cultural a la ceremonia no pudo asistir la primera dama, Margarita Cedeño de Fernández, y el resto de las damas que integraban la comitiva presidencial, entre ellas la empresaria Elena Viyella de Paliza.

En el almuerzo que ofreció el Emir ese día, después de las ceremonias de intercambios de condecoraciones  y firmas de varios acuerdos bilaterales, apenas pudo observarse la presencia de dos mujeres, una diplomática española y la dominicana Annia Valdez, que se coló confundida como integrante de la seguridad presidencial. De regreso al hotel, la comitiva comenzó a entrar en pánico. No era para menos, los chóferes árabes asignados tenían pies calientes y se desplazaban a una excesiva velocidad en plena ciudad.