En el Palacio

Las sillas colocadas al fondo no estaban totalmente ocupadas cuando el presidente Hipólito Mejía llegó a media mañana del miércoles a una explanada contigua al edificio del Ayuntamiento en Monte Plata, donde se organizaban los parceleros y parceleras que recibirían títulos provisionales y definitivos de propiedad a cargo del Instituto Agrario Dominicano (IAD). Esos huecos llegaron a preocupar a Tomás Hernández Alberto, director del IAD, según narró más tarde en su discurso. Pero la gente fue llegando gradualmente y aunque las sillas al fondo siguieron vacías, estaban presentes la totalidad de los 427 parceleros que serían beneficiados con los títulos. En el acto se sentaba un precedente, pues por primera vez en este país 121 mujeres eran asentadas en un proyecto agrario. Ellas trabajarán sus parcelas para cultivarlas, en una faena que históricamente había estado reservada al hombre. El discurso de Hernández Alberto siguió la tónica acostumbrada, muy extenso y cargado de bendiciones y justificaciones a la reelección del Presidente Mejía. Fue mucho más extenso esta vez, pues a mitad de su intervención-de unos 25 minutos de duración- hizo sonar el recién entrenado himno a la memoria del fenecido líder perredeísta José Francisco Peña Gómez, algo que parecerá usual en cada acto auspiciado por el IAD. Los presentes observaban un cuadro tamaño póster que colgaba junto al podium y pronto se enteraron que se trataba de María Josefa Domínguez de Mejía (doña Marína), la fenecida madre del Presidente de la República, con cuyo nombre fue bautizado el proyecto agrario de mujeres, en “merecido homenaje póstumo”.Hernandez Alberto justificó la decisión al definir a la madre del presidente Mejía como una mujer trabajadora, dedicada a la protección y cuidado de su familia, pero sobre todo solidaria con sus vecinos y allegados. Destacó que doña Marina adornaba condiciones que han sido heredadas por su hijo, el presidente Mejía. Por ejemplo, dijo, “ella era alérgica a los chismes. Cuando los vecinos tenían alguna dificultad, ella intervenía y actuaba de mediadora”, relató Hernández. Dijo que el presidente Mejía heredó también de ella “su carácter, su jovialidad y ese sentido de darse a los demás”. No olvidó que en el acto estaba presente Isabel Mejía de Grullón, también hija de doña Marina, para recordar su “gran parecido físico con su madre”. A Chabela, como le llaman sus allegados, se le vio en algún momento con los ojos enrojecidos por la emoción.

Más tarde, el presidente Mejía y sus acompañantes se movieron hacia otro punto, dentro de la ciudad de Monte Plata, para encabezar el acto inaugural de la carretera que comunica esta población con Antón Sánchez. Los organizadores suponían que el público que asistió al anterior acto de entrega de títulos de propiedad se trasladaría automáticamente a la siguiente ceremonia. Pero lo cierto es que cuando el presidente Mejía se disponía a encabezar el acto, las sillas colocadas bajo las carpas frontales a la tarima presidencial lucían virtualmente vacías. El cuadro molestó a un inquieto activista reeleccionista, miembro de un grupo llamado “los pica pica”, quien dirigiéndose directamente al senador Ramón Alburquerque, preguntó a viva voz: “¡Ramón! ¿y todas esas sillas vacías? ¡Vamos busca gente, que nosotros estamos ganados”. El hombre siguió paseándose nervioso frente a la tribuna, sumamente inquieto y volvió a tronar, pero esta vez mirando al presidente Mejía. “¡Presidente, yo no puede permitir que a usted le hagan eso!” Pero el mandatario le soltó un inesperado: “¡Cállese!” “Ah si, si es usted sí”, respondió el activista entregándose al silencio. Ciertamente, la gente fue afluyendo de manera gradual a la ceremonia, aunque no en la cantidad esperada. Las cosas, sin embargo, tuvieron un giro más favorable a la candidatura de Mejía en horas de la tarde, en un mitin regional, cuando centenares de activistas perredeístas se agolparon en una cuadra de la amplia calle Arzobispo Meriño, frente al Ayuntamiento, en respaldo a la reelección. Pero el cuadro lució más sorprendente cuando la caravana presidencial se desplazaba por la carretera Monte Plata-Sabana Grande de Boya, sumida en un deplorable estado de abandono, pero las nubes de polvo que dejaban los vehículos a su paso no impidió a simpatizantes perredeístas salir a agitar su bandera, en señal de bienvenida. Mejía solo fue a Sabana a decirle a la gente que a partir del primero de abril se iniciaba la reconstrucción de la carretera y de las calles. El anuncio fue seguido de un gran alboroto y la gente saltaba y bailaba sobre las deterioradas y polvorientas vías. ¡Increíble!