En el Palacio

POR MANUEL JIMÉNEZ
La prensa acreditada para dar cobertura al encuentro del sábado en Casa de Campo, La Romana, madrugó para a estar a tiempo. Una agenda que había sido entregada en la víspera por el Palacio Nacional hablaba de sendas intervenciones, desde las 8:00 de la mañana, del presidente Leonel Fernández y del presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Enrique Iglesias.

El plan elaborado por los reporteros, según lo que se les había anticipado, era tomar notas y grabar esas intervenciones y luego esperar pacientemente hasta las 5:00 de la tarde, el final del encuentro. Pero las cosas no fueron así. La seguridad de Casa de Campo impidió, al principio, el acceso hasta el exclusivo centro turístico de los vehículos de prensa, a quienes se “les invitó” a permanecer en un área de estacionamiento, hasta nuevo aviso. Dejar entrar a Casa de Campo a los reporteros fue la primera pelea de Rafael Núñez, director de Prensa de la Presidencia, con una dama del personal responsable de la oficina local del BID que se oponía rabiosamente a la presencia de los representantes de los medios de comunicación. Mis fuentes dicen que Juan Temístocles Montás, secretario Técnico de la Presidencia, tras ser advertido por Núñez del impedimento, dio luz verde para el acceso de la prensa. A los periodistas, fotógrafos y camarógrafos se les pidió permanecer en una especie de lobby del salón de conferencia donde se desarrollaba el encuentro. Por allí se vio cruzar en más de una ocasión al presidente Leonel Fernández, caminando virtualmente sin escolta. Se le observó como si fuera “uno más de los participantes” mientras entraba y salía del baño, saludando sonriente, pero reticente a conceder entrevistas por razones atendibles.

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Exponerse ante los reporteros, implica someterse a sus preguntas, no necesariamente relacionadas con los temas de la reunión, y sus respuestas, incluso, podrían tener un interés noticioso superior a los resultados del encuentro, y en esto, el presidente Fernández sabe manejarse. Se vio también a Enrique Iglesias y ejecutivos principales del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, pero todos, como si lo acordaran con antelación, no querían contactos individuales con la prensa. Llegó la hora de almuerzo y Núñez inició gestiones con el personal responsable del BID para organizar el almuerzo para los chicos de la prensa. “No hemos invitado periodistas”, respondió la encopetada dama, me cuentan. Su reacción obedeció a la verdad, pero la prensa tampoco había pedido almuerzo, se trataba de una cortesía que Núñez entendió prudente dispensarnos, gesto que se agradece. Finalmente, después de un breve altercado con la dama de la oficina local del BID, Núñez decidió invitar a los muchachos de la prensa por cuenta propia. Todos disfrutamos del buffete, no de mucha calidad por cierto, pues aquel menú ofrecía tan solo arroz, pollo asado, espaguetis, helado y torta, en el postre. Al final, Núñez estaba satisfecho y sonriente, pero su cara se llenó de asombro cuando se le paso la “dolorosa”. RD$42,000 se leía al final de la factura. Núñez pasó su tarjeta de crédito personal, pues la presidencia no le asigna fondos para “gastos de cortesías”, pero lo disponible en el plástico no alcanzó para cubrir  la cuenta, teniendo que saldarla en efectivo. Más tarde, se analizaba con sorpresa aquella voluminosa cuenta, pues el grupo de prensa solo lo integraban 31 personas que comieron arroz con pollo y espaguetis, y en un bufete. Núñez tenía la firme decisión de reclamar una revisión, y pensándolo bien parece que el restaurante “pescó en río revuelto”.

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Mis fuentes aseguran que los organismos de inteligencia del Estado están al tanto y siguen los pasos a integrantes de por lo menos dos grupos estudiantiles de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), a quienes se les está atribuyendo supuestas “acciones vandálicas” a propósito de una visita que el presidente Leonel Fernández tiene prevista hacer allí este martes. Fernández pronunciará una conferencia, no me dijeron la hora, y las autoridades tienen informes de que por “iniciativas” ajenas a la Universidad, se están planificando acciones para tratar de “deslucir” su presencia. Sería como una repetición del repudio que presenció en persona el entonces presidente Hipólito Mejía cuando acudió a inaugurar la biblioteca. Las fuentes dicen que se tienen nombres de dirigentes y activistas estudiantiles que estarían en la planificación de esas acciones, así como de un “personaje” del pasado que alegadamente las instigas.