En el palacio

El sábado pasado, sobre San Pedro de Macorís se tendió un gran nublazón y a los organizadores de una concentración en respaldo a la reelección del presidente Leonel Fernández comenzó a preocuparles que aquel ambiente tuviera una incidencia negativa sobre la concurrencia prevista.

El ambiente de lluvia comenzó a advertirse desde temprano en la tarde, pero el presidente Fernández tiene fama de llegar con retraso a los actos y esto aumentaba la preocupación pues un fuerte aguacero podía echar todos los pronósticos por la borda. Un viejo peledeísta que era testigo de las preocupaciones llamó a no alterarse. “Con Leonel todo sale bien ¡ese hombre es un dichoso!, comentó con buen ánimo. Narró las innumerables ocasiones en que había estado acompañando al jefe de Estado en actividades proselitistas y nunca una actividad encabezada por él había tenido que ser suspendida o afectada por una inclemencia imprevista de la naturaleza. La gente se iba concentrando en la angosta calle, próximo al malecón de la ciudad, donde se llevó a efecto finalmente la concentración, que se inició casi una hora después de lo previsto. Pero en ese lapso apenas se produjeron un par de llovizna pasajeras, se pronunciaron los discursos que estaban en la agenda y cuando el presidente Fernández iniciaba la intervención final parecía inminente que se desencadenara un torrencial aguacero. Pero Fernández terminó su discurso, el público pudo retirarse tranquilo y unos quince minutos después sobre San Pedro de Macorís cayó el diluvio. Había entrado a un establecimiento frente al parque municipal a comprar unos pasteles en hoja, pero no pude salir después a tomar el vehículo, el torrencial aguacero no me lo permitía. A ese establecimiento llegó el viejo dirigente peledeísta a que he hecho alusión y me comentó, en presencia de Omar Liriano, director del Centro de Información Gubernamental: ¡Viste lo que te dije, eso siempre es así, el hombre tiene una suerte divina! No he sido el único que he escuchado esto sobre el presidente Fernández.

Pero esto me hizo recordar un momento que nunca he podido borrar de mi cabeza. Recuerdo que en su primer mandato, el presidente Fernández viajó a Nueva York y decidió girar una visita al hospital donde se encontraba internado el extinto líder perredeísta José Francisco Peña Gómez. Los periodistas, fotógrafos y camarógrafos que estuvimos dándole cobertura a esa gira penetramos hasta la pequeña habitación, una especie de suite, pero donde sólo había un sofá amplio y una butaca. Peña Gómez recibió al presidente Fernández en bata, aunque llevaba sus pantalones e hizo un gesto al gobernante para que tomara asiento sobre el sofá. El líder perredeísta llamó entonces a su esposa, doña Peggy Cabral, y en tono amenos, pero que no dejaba de tener su cocorícamo, le dijo. “Peggy siéntate ahí, al lado de este hombre a ver si se te pega algo de la suerte, porque ¡que hombre tan dichoso! Todos recuerdan que Fernández había salido victorioso frente a Peña Gómez en las elecciones del 1996 con el respaldo de los dos grandes colosos de la política local, Joaquín Balaguer y Juan Bosch. Resultaba obvio, entonces, que Peña Gómez hacia alusión a ese episodio. Un joven político que apenas comenzaba despuntar con condiciones de liderazgo le había arrebato el sueño de ser Presidente de la República y para colmo ahora lo visitaba en su lecho de enfermo.

Ya el domingo pasado, durante el encuentro con ex dirigentes y simpatizantes reformistas en el Club Mauricio Báez, el presidente Fernández recordaba que Napoleón Bonaparte, el más grande guerrero y conductor de hombres, hablaba de que solía escoger a sus lugartenientes, no por sus destrezas y fiereza en el combate, sino por la suerte que les auguraban. Balaguer se definía como un hombre del destino. Fernández, en cambio, se autodefinió en ese encuentro como un hombre afortunado y de inmensa suerte. Quienes lo ven hoy exitoso, batiéndose en una campaña a lo interno del Partido de la Liberación Dominicana, llegarán a la conclusión que su suerte la combina perfectamente con una gran astucia, sabiduría, inteligencia y paciencia política. No otra cosa explica que siga bien posicionado en las encuestas, pese a que en esos mismos sondeos la gente se queja de que su situación económica es mala, pero más aún, que habiendo salido tarde al escenario, todo el acontecer político gire en torno suyo. Ahora resulta que atrae el favor de los más populares merengueros y bachateros del país, algo que de una u otra manera deberá incidir en la intención de la gente y como golpe final José Tomas Pérez, el tercer contendiente en las primarias peledeístas se retira y le levanta las manos. Y es que la suerte, la astucia y la paciencia parecen ser combinaciones o claves perfectas en la política vernácula.