En el palacio

En el palacio

POR MANUEL JIMÉNEZ
Apenas despuntaba la década de los años 80 cuando recibí la instrucción de la dirección de este diario de hacerme cargo de la campaña electoral del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC). Para aquel entonces era muy joven y se trataba de mi primera experiencia trabajando en un medio escrito, pues desde mis inicios en esta profesión laboré en varios noticiarios de radio y televisión, pero no así en periódicos.

Asumí aquella responsabilidad con reservas, no sólo por el reto profesional que implicaba, sino porque en mis años de estudiante, como ocurrió con la mayoría de los jóvenes de aquel tiempo, fui un ferviente y radical opositor a Joaquín Balaguer e, incluso, siendo menor de edad, apenas con 16 años, se me recluyó en una celda de La Victoria, una prisión para adultos, acusado de alterar el orden público, después de haber sido violentamente detenido en una protesta callejera de estudiantes del liceo Juan Pablo Duarte, donde cursé mis estudios secundarios y tuve responsabilidades dirigenciales en el Frente Estudiantil Flavio Suero (FEFLAS). Pensaba que no podía ser imparcial con quien aún en esa época, transcurridos algunos años, seguía considerando como el responsable de todos los males de la República Dominicana, amén de que esa consideración política se mezclaba con las razones personales ya descritas. Como todo reportero, comencé mi misión acercándome a dirigentes reformistas de esa época, a quienes entrevistaba con frecuencia y con los que rápidamente desarrollé una relación de amistad que se mantiene en estos días. Algunos me comentaban que Balaguer, en ese entonces líder de la oposición al gobierno de Salvador Jorge Blanco, gustaba de la manera en que redactaba mis notas y más de uno me prometió presentarme ante el líder.

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En una ocasión, Virgilio Alcántara, quien había asumido la dirección de este diario después de haber estado al frente de Ultima Hora, me comentó que Temístocles Metz, un desaparecido cronista de deportes y que llegara a desempeñar el cargo de secretario de Deportes, solía hablar con Balaguer en las caminatas vespertinas que realizaba en la zona de El Mirador y me aconsejó que tratara de hacer lo mismo. Una tarde me presenté a la caminata, pero para entonces ya no era un desconocido para los escoltas de Balaguer, algunos de los cuales le comunicaron mi presencia al entonces ex coronel Luis María Pérez Bello. Observé cómo Pérez Bello susurraba al oído de Balaguer informándole de mi presencia y en ese momento me sentí un tanto nervioso. Temía que no aceptara ser entrevistado y eso sencillamente lo consideraría como un fracaso. Pero accedió y logré una entrevista que se llevó la principal nota del día siguiente en el periódico HOY. Seguí acudiendo a la caminata y logrando buenas entrevistas de primera plana. Mis colegas en la fuente se preguntaban de qué manera podía entrevistar con tanta frecuencia a Joaquín Balaguer, hasta que un día confesé a mi amigo y colega Saúl Pimentel que la “hazaña” la lograba cada tarde en la avenida de El Mirador, y a partir de entonces los ejercicios del entonces ex mandatario se convirtieron en un enjambre de periodistas. Pero Balaguer ya me llamaba por mi nombre y me distinguía entablando conversaciones informales. conmigo mientras caminaba.

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 En ocasiones me pedía disculpas con humildad diciéndome que no quería ofrecer declaraciones, pero me sorprendía iniciando un diálogo sobre cualquier asunto de interés en aquel momento. En una de esas ocasiones me preguntó cómo estaba el Palacio, pues además de tener bajo mi responsabilidad la fuente del PRSC, también tenía la de la Presidencia de la República. “Ahí yo no sé nada Presidente. Yo apenas me mantengo en los pasillos”, recuerdo que le respondí. ¡Pero ahí se aprende!, me comentó sonriente.

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