En el Palacio

POR MANUEL JIMÉNEZ
Las reparaciones a que está siendo sometida la sala de prensa del Palacio Nacional, obliga a los reporteros a refugiarse en el salón de conferencias Orlando Martínez o en una intersección de pasillos desde la que pueden tener dominio visual de todo el que cruza hacia el área del antedespacho presidencial. Pero los reporteros lucen un tanto desanimados, por no decir aburridos, pues el flujo de informaciones en la principal fuente noticiosa del país cada día es más escaso.

No se sabe si atribuir el hecho a la nueva política de comunicaciones o al poco interés que tienen los funcionarios con despachos en la Casa de Gobierno de hablar no solo de lo que está aconteciendo en el país, sino de sus propias iniciativas y logros. Cierto es que tanto el director de Prensa, Rafael Núñez, como el portavoz gubernamental, Roberto Rodríguez Marchena, se afanan por atender cada pedido de los periodistas acreditados a la fuente, pero en ocasiones ni ellos mismos encuentran la respuesta adecuada  y en el tiempo razonablemente prudente. El hecho es que en Palacio las fuentes noticiosas son escasas, aunque desde fuera se pueda tener una percepción distinta.

En el marco de la nueva política de comunicaciones, los funcionarios entienden que solo deben hablar cuando lo consideren prudente, es decir en el momento que tengan que informar algo que resulta de interés oficial o cuando tengan que salir a responder alguna acusación o información distorsionada. Por ejemplo, en honor a la verdad, solo he visto hablar en dos ocasiones al secretario de la Presidencia, Danilo Medina, una cuando fue “atrapado” en un pasillo, donde tan solo abrió la boca para recordarle a los reporteros que ¡hay un vocero!, y más recientemente cuando intervino en una rueda de prensa acompañando al Ministro de Energía y Minas de Venezuela. Sus otras escasas intervenciones públicas han sido fuera del ámbito del Palacio Nacional. Juan Temístocles Montás, jefe del Gabinete Económico y secretario técnico de la Presidencia, se ha convertido en un funcionario virtualmente cerrado a la prensa.

Se entiende que maneja asuntos delicados, de alto interés nacional, pero su silencio contrasta grandemente con esa apertura hacia los medios que mantuvo en el primer cuatrienio del Presidente Fernández, entre los años 1996-2000.  Montás podrá alegar que aquella vez se le criticaba por hablar, pero era un necesario muro de contención frente a los cuestionamientos que se hacían al gobierno. Montás,  sin embargo, hace sus apariciones públicas de vez en cuando para informar al país sobre el curso de las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional o el Club de Paris.

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Aunque resulta comprensible que un secretario administrativo de la Presidencia no tiene porqué estar accediendo a solicitudes de entrevistas frecuentes de la prensa, en el caso de Luis Manuel Bonetti, el actual incumbente, no hay nada que justifique su prolongado silencio. Recuerden que a las pocas semanas del nuevo gobierno se informó, de manera oficial, que habría exposiciones semanales de los nuevos incúmbentes de las secretarías de Estado y direcciones generales informando al país de la situación en que encontraron esas dependencias y las medidas que estaban adoptando para recuperarlas. En esa ocasión, se dijo que ese ciclo de comparecencias sería abierto por el Secretario Administrativo de la Presidencia. Más tarde, se comunicó que Bonetti estaba a la espera de organizar y actualizar algunas cosas, entre ellas otorgar los nuevos pases de acceso al Palacio Nacional y reunir informaciones.

Todas estas expectativas se han esfumados y a una opinión pública que en campaña se le dijo que todo en el gobierno era un desastre y que la vorágine de la corrupción lo carcomía todo, ahora resulta que ni siquiera se le da explicaciones de las causas que han impuesto este silencio. Resulta, sin embargo, que al anunciarse la nueva política de comunicaciones, entre periodistas hubo el temor de que con ello se estaría apartando al presidente Leonel Fernández del contacto habitual con la prensa. Los hechos han demostrado otra cosa.

El presidente Fernández ha sido más accesible a la prensa acreditada a Palacio que la mayoría de sus funcionarios. No se ha marginado a ese contacto y en cada una de sus apariciones públicas cruza entre los periodistas, los saluda con amabilidad y  enfrenta  sus preguntas. No todas las veces accede, pero nunca da señales de que pretende huirle.