En el palacio

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MANUEL JIMÉNEZ
El hombre tiene acceso a todas las puertas en el gobierno en vista de su cercanía al Presidente Leonel Fernández. Pero se considera también un amigo personal del renunciante secretario de la Presidencia, Danilo Medina. En esa virtud llegó a conversar varias veces con el entonces principal colaborador de Fernández, y aunque nunca intentó negarle sus derechos a aspirar a una nominación presidencial, siempre le aconsejó que reflexionara bien, que observara la realidad que le rodea antes de tomar una decisión. Tratando de ayudar a la reflexión de su amigo Medina, el hombre encontró un día unos versos del poeta español Antonio Machado y se dijo a sí mismo que aquello resultaba más que oportuno en el marco de la tarea que se había impuesto. No sé si llegó a mostrar los versos a su amigo Medina, pero sobre una mesita, en un bien decorado salón del Palacio Nacional, sobre una mesa de caoba, siempre tiene a la vista el libro de versos. Muy entusiasmado me condujo hasta el pequeño salón, echó mano al libro y me pidió leer las estrofas de esos versos de Machado. Otro amigo común, con amplia experiencia en las lides políticas, se dispuso solamente a escuchar: “Sabe esperar, aguarda que la marea fluya, así en la costa un barco, sin que el partir te inquiete. Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya porque la vida es larga y el arte es un juguete. Y si la vida es corta y no llega la mar a tu galera, aguarda sin partir y siempre espera que el arte es largo, y además, no importa”. Al hombre que cree en esos versos de Machado le inquieta y apena la salida de Medina del gobierno, porque, entre otras cosas, entiende que  “se las está jugando todas” en su carrera política.

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Quienes han tenido vida en el Palacio Nacional, no importa la época, saben que en esos pasillos se escucha de todo. Siempre recuerdo que en una ocasión, estando el fenecido Presidente Joaquín Balaguer en la oposición, durante la administración de Salvador Jorge Blanco (1982-86), me preguntó un día qué cómo estaba el Palacio. Le respondí que sabía poco, pues allí sólo me movía en los pasillos. ¡Pero ahí se aprende! Me respondió Balaguer con aquella sabiduría innata. Bueno, pues en estos días se dicen muchas cosas en esos pasillos, pero también se especula. Cuentan que una funcionaria llegó a un encumbrado despacho en  Palacio y comentó preocupada que a través de un canal de televisión se tiene montada lo que ella entiende es una campaña de promoción a Danilo Medina y de críticas al gobierno. Su interlocutor le escuchó con paciencia y solo llegó a comentarle: “Déjelos tranquilos, al final se estrellarán contra su propia realidad”. Dicen, asimismo, que otro funcionario se presentó también ante un colega superior y le comentó con preocupación  que “la gente de Danilo” está diciendo que Medina fue siempre la clave en las sucesivas victorias electorales de Fernández, pues siempre ha sido el director de sus campañas. “Las campañas del Presidente las ha dirigido el propio Presidente, él ha sido quien ha creado su perfil y quien ha instruido qué cosa hacer y qué no hacer en una campaña. Por lo tanto, ese mérito solo es de él, de nadie mas”, le habría respondido ese funcionario superior.

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El lector podría preguntarse de qué manera se podría verificar la veracidad de estas anécdotas, pero recuerden aquel dicho de que el diablo sabe por viejo y no por diablo. Mis años de experiencias en Palacio me permiten establecer quién o quiénes tienen acceso real a secretos del Poder y quién o quiénes simplemente pueden hacer alardes. Así es que verifico bien mis informes antes de decidirme a publicarlos. Por ejemplo, a las alturas del Palacio llegó rápidamente la información del encuentro reciente entre Danilo Medina y el senador por la provincia Duarte, Amílcar Romero y del compromiso que éste último habría asumido. La información no fue agradable, pero al fin se recordó que el ex secretario de Agricultura había sido compañero de boleta de Medina en el 2000.  Medina, de su lado, ha comentado entre allegados que espera una contienda interna corta, para evitar que se puedan abrir heridas incurables. Pero lo cierto es que aunque las aguas aparentan afuera tranquilas, en el PLD y el gobierno hay mucha inquietud y preocupación, pues solo eso provoca las cosas que se dicen tras bastidores.

Algunos se rompen la cabeza pensando qué decisión tomarán, pero otros son radicales hasta el tuétano. A un cónsul general en Estados Unidos se le atribuye una frase que ha comenzado a preocupar: “Prefiero perder con Danilo que ganar con Leonel”. ¡Cosas Veredes, Sancho!