EN EL PALACIO

MANUEL JIMÉNEZ
m.jimenez@hoy.com.do
Amigos comunes estuvieron interesados desde el principio en un encuentro entre el Presidente Leonel Fernández y el periodista y comentarista de televisión Miguel Franjul. Digo desde el principio, porque las primeras gestiones en este sentido se iniciaron justo al conocerse que el periodista había presentado renuncia a la dirección del matutino Listín Diario.

Fernández lo recibió a finales de la semana pasada en su despacho de la segunda planta del Palacio Nacional y de acuerdo al testimonio del propio comunicador ese encuentro se prolongó durante una hora y diez minutos. Cuando hizo acto de presencia, ya una persona le esperaba a las puertas del Palacio para acompañarle hasta el despacho, al que subió desde un área restringida de la primera planta a bordo del ascensor reservado al uso del jefe de Estado. La conversación fue amplia y variada, pero gran tiempo estuvo dedicado a tratar las versiones sobre las alegadas presiones del gobierno a la prensa, y en especial al propio comunicador, según algunas fuentes. Fernández, dijo Franjul, le reiteró su respeto y apego a la libertad de prensa y ofreció explicaciones que satisfizo plenamente a Miguel. Ambos concluyeron renovando una vieja amistad, que a decir de Franjul, nunca estuvo en juego. En la reunión se abordaron otros temas interesantes, incluso que tocan el ámbito internacional, pero de los cuales mis fuentes se resisten a soltar prendas.

La euforia de Euclides

Euclides Gutiérrez Félix, una figura emblemática del peledeísmo, bajó eufórico las escaleras hacia el sótano de la estación “Centro de los Héroes”,  previo a la llegada  del Presidente Leonel Fernández. Cuando me vio al final de las escaleras, me dijo: ¡Esa encuesta de ustedes y éste Metro tienen a esos perredeístas locos! Pero la euforia y la alegría que exhibía el Superintendente de Seguros duraron poco al ver  que todo aquello se había transformado en lo que calificó de “desorden”. ¿Y qué es esto?, preguntó incómodo al ver el tropel de funcionarios, legisladores e invitados especiales que a empellones se abrían campo para alcanzar entrar a uno de los vagones del Metro y así garantizar su inclusión en aquel histórico paseo presidencial. Los pases de abordaje entregados a la entrada de la estación, no tuvieron ningún valor. Los invitados presionaron el ingreso y los oficiales del Metro que fungían de control a la puerta de cada vagón optaron por hacerse “los chivos locos”, y en aquel ambiente se colaron muchos  que no estaban  en lista y se quedaron otros que sí estaban. Diandino Peña, al observar las caras largas de los que quedaron fuera, se decidió por algún consuelo y anunció una “segunda vuelta”. Monchi Fadul reaccionó rápido y creyó oportuno aclarar: “Pero eso será en el Metro”.