En el umbral de la rebeldía fiscal

FABIO R. HERRERA-MINIÑO
La férrea y tenaz oposición, que todos los grupos empresariales han demostrado en contra de la rectificación fiscal, que esgrime el gobierno como salida para conjurar el grave déficit previsto para el próximo año y darle el gusto al FMI en sus exigencias de aumentos de impuestos y eliminación de subsidios, coloca al país en el umbral de una actitud de rebeldía, precursora de algo funesto para la economía como sería que los contribuyentes fiscales decidieran no pagarle los impuestos al fisco.

Al gobierno le ha resultado muy difícil articular una rectificación fiscal, como se les llama a los nuevos impuestos, en especial a los que se refiere a aumentar los productos que pagarían el ITBIS, ya que desde el mismo momento que habló el Presidente el pasado día 14, no ha habido una cohesión en la posición oficial. Y eso porque se muestra un equipo económico inseguro y dando palos a ciegas, frente a una indecisión en cuanto a hacerle caso a los empresarios y al pueblo que se oponen a más cargas impositivas, o al FMI, que reclama nuevas cargas, mientras el gobierno trata de mantener su tren de gasto dispendioso. Y más ahora que parece que se aceleran los aprestos reeleccionistas, a nivel de Palacio, después de la salida del principal rival del Presidente, que decidió trillar su propio camino político.

Con mucha certeza se le ha demostrado al gobierno que decida frenar su ritmo de gastos corrientes, cosa inocultable por las cifras que se ofrecen mensualmente en cuanto al nivel de esos gastos. Ahí, reduciendo esos gastos, donde constantemente aparecen aumentos en servicios personales, de una propaganda que satura a los medios de comunicación, de viajes de funcionarios o de cajas chicas inagotables en francachelas, y compra de vehículos, etc., se podría lograr ahorros considerables.

Los ahorros en los gastos corrientes cumplirían los requisitos de lograr los miles de millones de pesos que reclama el gobierno, necesarios para equilibrar el presupuesto, que varían en un amplio rango desde los $18 mil millones de pesos hasta los $27 mil millones de pesos. Aún cuando se sabe que los ingresos no alcanzarán los estimados que se hicieron para este año, sin embargo mostraron un considerable aumento con relación a lo logrado en el 2005. Esto de por si es una hazaña increíble para los recaudadores y de la buena voluntad de los contribuyentes, que hicieron disminuir sus niveles de evasión y de ponerse al día con el fisco de las más diversas maneras.

La rebeldía fiscal, en gestación por parte de los contribuyentes más notables, se debe a que lo recaudado por el fisco no se traduce en la mejoría de los servicios básicos que debe ofrecer el gobierno a sus gobernados. En la actualidad la educación atraviesa precariedades increíbles, y el clamor general es ver la vergüenza de las escuelas semidestruidas, donde asisten cientos de escolares. Así mismo es ver los hospitales negando el servicio por la carencia de lo más elemental para un centro de salud y asegurarle la vida de destrucción. Por igual, es ver las carreteras y calles en proceso de destrucción, porque no se les da mantenimiento o no se reparan adecuadamente, cosa que se refleja en los edificios públicos, degradándose por el descuido oficial.

Todo lo anterior contribuye a que en el ánimo de la gente se vaya gestando una resistencia de no cumplir con los compromisos de pagos de los impuestos, que solo servirían para pagar deudas, amortización de préstamos y hacerle frente a unos gastos en crecimiento fruto de los afanes políticos de los que buscan una reelección, financiada con el despilfarro de los recursos públicos. Inevitablemente esos recursos se manchan con la corrupción, por el desvío del dinero para engordar fortunas, gestadas y paridas, a la sombra del disfrute del poder.

Ya el país desaprueba una nueva rectificación fiscal, porque las dudas fueron sembradas por el gobierno por su incoherencia para justificarla. El discurso presidencial del martes 14 lució muy aéreo y sin precisiones necesarias que convencieran acerca de la necesidad de la misma. Además, el hecho que se comenzará a anunciar los nuevos impuestos desde aquella exitosa visita del Presidente a Washington, como queriendo mostrarla como una imposición del gobierno norteamericano y del FMI, cayó muy mal en el ambiente local. Este se sublevó mentalmente en contra de esos designios fiscales, empujados por una estrategia de amasar más recursos en previsión a una costosa campaña reeleccionista, y máxime cuando existe la creencia de que el candidato del PLD es el ganador en cualquier escenario electoral por el descrédito y falta de carisma que ofrecen al electorado las demás opciones.