En interioridades de la política

En los últimos años se ha visto que una cosa es el Partido Revolucionario Dominicano como organización reconocida y otra la constituida por un perredeísmo excluído pero significativo en seguidores y figuras. De un lado el PRD con su legalidad y bajo una estricta hegemonía, y del otro la disidencia. Ambos con aguda vocación para la discordancia. En las gradas de observadores ajenos al pleito se sostiene el criterio de que con su tira y hala se reducen agudamente las posibilidades electorales de la gente de la vieja enseña del “jacho prendío”. Los únicos que parecen creer lo contrario son los participantes en la disputa intestina, pese a que todas las encuestas indican que la estimación ciudadana por el PRD ha caído significativamente.

Además se siente vibrar la certeza de que a la democracia dominicana le perjudica tal división. En los hechos no se percibe una vigorosa oposición crítica para el equilibrio con los poderes. Ni siquiera en el Congreso, donde los perredeístas también están divididos aunque en partes desiguales. Pero como a esta sociedad, además de necesitar partidos fuertes y unidos, le convendría una evolución dinámica que genere relevos y opciones novedosas, cabe en algo la posibilidad de que esta ruptura del otrora poderoso PRD cree espacio a alguna opción refrescante que merezca la confianza de la colectividad; que de estos líos comience a salir una nueva forma de hacer política en República Dominicana.

La unanimidad a veces perjudica

Oh ironía! En ocasiones lo que cabe es lamentar la consonancia que exhiben sectores políticos. Un peso unitario y mayoritario fue lo que hizo posible el desbarre de aprobar el contrato original con la firma minera Barrick. El congelamiento perenne vivido con el proyecto que pondría régimen a los partidos es fruto de asociaciones “exitosas” contra la ética en el universo partidario.

El “barrilito” es un mecanismo reprobado por gran parte de la sociedad que existe por lo bien que se entiende y pesa en sus decisiones toda una matrícula de congresistas que cuestionablemente en ocasiones han legislado para su provecho. Y cada vez que en la Cámara de Diputados abren el grifo de la liquidez privilegiada y objetable, disímiles bolsillos de la fauna legislativa acuden a beneficiarse. Para determinados temas de interés nacional, sería preferible que algunos políticos se combatieran como perros y gatos.