En la cresta de la ola

En las últimas semanas, después de una racha de “fouls”, el Presidente Fernández ha logrado recuperar su puesto en la cumbre de la política dominicana, reaccionando ante imprevistos con la maestría de un estadista veterano, echando por el suelo el sambenito de carecer de voluntad para la acción eficaz y rápida que requieren las crisis.

La escandalosa realización de que el narcotráfico permea la sociedad dominicana mucho más de lo que podía imaginarse creó un ambiente desfavorable a la popularidad del Presidente. “¿Dónde están los pejes gordos?”, ha sido el reclamo casi unánime de la opinión pública. Pero mientras aparecen esos camajanes, ¿alguna vez antes habían los policías, fiscales y jueces tenido oportunidad de procesar a señoritos y señoras del calibre de los que hoy están encartados? ¿O ha habido alguna ocasión anterior en que la guerra contra el narcotráfico esté resultando en tantos notables logros oficiales?

La inmediata reacción del Presidente ante el devastador terremoto de Haití y su evidente liderazgo han revelado a un Leonel pro-activo que muchos críticos querían presentar como un soñador pasivo entretenido con la Internet.

La promulgación de la nueva Constitución, pese al pataleo de algunos –una parte con legítimos reclamos pero mayormente de inspiración política– demuestra cómo el Presidente lideró eficazmente ese complejo y difícil proceso político hasta armar un consenso convincente. El Nuncio y otros observadores imparciales lo han elogiado.

El rescate de Zelaya, incomprensible desde ciertos puntos de vista, sin embargo coloca al Presidente una vez más como el más calificado continuador del compromiso democrático del Bosch del ’63, pues es ésa y no otra la raíz de su alergia contra el golpe. Y el destino, que siempre favorece a los suertudos, conjuga para fechas contiguas la promulgación de la Constitución que reivindica la del ’63 con la contribución a solucionar el impasse hondureño, sin importar el precio de un sonoro abucheo.

Pese a la gravedad de la crisis económica y financiera internacional, uno de los países que menos sufrió –aunque se ha sufrido mucho— ha sido el nuestro. El nuevo año trae tímidas esperanzas de mejoría avaladas por la pericia con que se ha preservado la estabilidad. Leonel Fernández reina en la cumbre política dominicana. En derredor suyo, dentro ni fuera del PLD, se vislumbra figura alguna de su estatura. ¿Aceptará el país que no busque la re-elección?