En la DGII recordamos 44 años atrás

En la DGII recordamos 44 años atrás

Teófilo Quico Tabar

En ocasión de un bonito acto celebrado por la Dirección General de Impuestos Internos (DGII), que está festejando sus 25 años de creación, producto de la unificación de las Direcciones de Impuesto sobre la Renta y Rentas Internas, su distinguido director y amigo Luis Valdez dio una verdadera muestra de sensibilidad humana. Ahí se hizo mención de algunas cosas que ex directores de la DGII habíamos realizado en otras dependencias. Así surgió el siguiente tema.

Cuando don Antonio Guzmán tomó posesión de la Presidencia en 1978, se preocupó de manera especial por la recuperación de los terrenos del Consejo Estatal del Azúcar que se encontraban en manos de particulares. Anteriores administraciones habían distribuido miles de tareas propiedad de la institución entre allegados al Gobierno, civiles y militares. A tal efecto se creó la Comisión de Recuperación de Tierra del CEA. Ningún miembro podía tener vinculación con propiedades de caña, negocios de tierra, colonato o cualquier otra actividad vinculante.

La mayoría de los miembros de esa Comisión ya no están presentes. Don Chichí Alburquerque, Mario Morera, Iván Howellemont, Freddy Madera y César Polanco. Pero si el entrañable amigo José Enrique Hernández Machado. Del topógrafo Jowel Joseph, hace tiempo no sé. Pero con ese grupo hicimos un verdadero equipo de trabajo en defensa de los intereses del Estado. Orientados por Hipólito Mejía, secretario de Agricultura y miembro del Consejo.

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Las primeras labores consistieron en un levantamiento para determinar qué cantidad de fincas propiedad del CEA estaban en manos de particulares. Se buscaron informaciones en los ingenios como en CEAGANA. Aunque se conocía más o menos quiénes eran los ocupantes, porque muchos eran personas conocidas, no así la cantidad de tierra, porque a muchos de ellos les fueron otorgados los terrenos, solo por orden de la Dirección, sin muchas o ninguna documentación. Luego se determinó cuáles estaban destinadas a ganadería, agricultura, siembra de caña u otra actividad.

El trabajo no fue fácil. Hubo que lidiar con gente de poder, que aunque ya no contaban con todo el respaldo político de antes, conservaban determinadas influencias. Sin embargo, tan pronto se hizo pública la creación de la comisión y se iniciaron los trabajos, muchas personas, incluyendo militares de alta graduación, se presentaron o enviaron terceros para que trataran de regularizar su situación, cosa que ayudó bastante con el proceso de saneamiento.

Se recuperaron miles de tareas. Se le buscaron salidas a quienes habían hecho grandes inversiones hasta que terminaran las cosechas. Con algunos hubo que actuar de otra forma puesto que se resistían. Otros las entregaron sin poner resistencia. Surgieron desavenencias y enfrentamientos con personas y sectores, incluso con algunos funcionarios que de alguna forma habían participado en ese proceso de entrega de terrenos. Pero al fin, la comisión cumplió en gran medida con lo que se le había encomendado.

Porque siempre resulta mucho más fácil realizar labores cuando hay celo por las propiedades del Estado y reinan ambientes de colaboración, armonía y fraternidad. Con qué respeto escuchábamos los sabios consejos los que entonces éramos más jóvenes. Aprendimos cuando se hace necesario utilizar métodos persuasivos o enérgicos.

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