En la Diana

Primer Tiro
La magnitud de los deslizamientos de la tasa de cambio lo decide el mercado. El Banco Central trata de evitar volatilidades excesivas de corto plazo que influyan en los precios. Pero existen tres razones por las cuales la tasa de cambio no debería ser el mecanismo de ajuste al choque externo actual: 1) Porque cerca de un 50% del aumento del déficit comercial con el exterior se explica por un comportamiento adverso de los precios de las importaciones y las exportaciones. 2) Porque el crecimiento de las importaciones no petrolera está asociado a un ritmo de crecimiento económico por encima del potencial. 3) Porque la caída reciente de los precios del petróleo muestra que gran parte del choque externo es transitorio. Las expectativas deben tomar en cuenta que la eliminación de los subsidios y el ajuste a los precios de la energía reducirán las importaciones de petróleo y combustibles, y que con mayor tasa de interés y menos gasto público hay menos consumo, y menos importaciones.

Segundo Tiro
Si la mitad del déficit de la balanza comercial es explicada por el choque petrolero, y si gran parte de la otra mitad se debe a que la economía ha estado creciendo a un ritmo por encima de su potencial (el excedente de inversión sobre el ahorro es mayor de lo que se puede financiar externamente sin incurrir en un exceso de deuda), entonces los desequilibrios resultantes son puramente temporales, y no se puede esperar que sea la tasa de cambio la variable que se ajuste para corregirlos.

El comportamiento reciente de los precios del petróleo ha dejado claramente establecido el carácter temporal de una gran parte del choque externo. La reducción del gasto en consumo público y privado colocará la economía en la senda de su crecimiento potencial, lo que reduce y hace más sostenible y financiable el déficit de la balanza comercial. Resulta sorprendente, y hasta extraño, que economistas profesionales no entiendan y acepten la validez de tan sencillos planteamientos.

Tercer Tiro
No se entiende que economistas de prestigio afirmen de manera categórica que la moneda nacional está sobrevalorada. Si el aumento en el déficit de la balanza comercial no es permanente (se debe esperar una reducción de las importaciones de combustibles y de otros productos), y si ni el criterio de los precios únicos (a la tasa de cambio actual una hamburguesa cuesta casi lo mismo aquí que en Estados Unidos), ni el criterio de la paridad de la tasa de interés (los depósitos de ahorro tienen mayor tasa aquí que en Estados Unidos, y en el monto requerido para compensar el mayor riesgo de invertir aquí), y si ni siquiera la relación de los precios internos sugieren una desviación del tipo de cambio con respecto al valor real de equilibrio (la relación entre los precios de los productos importados y los servicios no ha variado), entonces el planteamiento de la sobrevaluación de la moneda sería a la verdad absoluta lo que los molinos de viento son los gigantes verdaderos.