En la Diana

Primer Tiro
Por antonomasia, Tartufo puede ser cualquier dirigente político que intenta presentarse como analista económico. Sólo un personaje como Tartufo es capaz de presentar los datos de la caída de las importaciones nacionales, de las ventas de cemento, automóviles y otros productos como equivalentes a una caída de volumen real de la producción de toda la economía. No solamente se omiten los productos y sectores que registraron aumentos en la producción y las ventas, sino que tampoco se dice que la contabilidad del crecimiento no se fundamenta en los cambios de las ventas nominales. Solo un Tartufo se atreve a presentar relaciones positivas como negativas, como es el caso de las importaciones y el crecimiento. Se sabe que cuando el valor de las importaciones disminuye, baja el gasto y aumenta el ingreso disponible, y solo un personaje como el citado se atrevería a plantear que el efecto es el contrario. Aunque no sea Tartufo, al menos hay seguridad de que Andrés Dauhajre es dirigente político.

Segundo Tiro

Por definición, Sofista puede ser cualquier dirigente político que utilice intensamente el sofisma, que no es otra cosa que un razonamiento incorrecto, pero que es dibujado y presentado para que sea persuasivo, y llegue a ser aceptado como verdad. Sofisma es el planteamiento de que la caída en las recaudaciones y en las ventas  reportadas a la DGII es una demostración de que la economía está en recesión. Las ventas nominales de las empresas que reportan a la DGII es solo un elemento para el cálculo del Valor Agregado real de toda la economía, el cual contablemente es la diferencia entre lo producido y las compras intermedias de bienes y servicios que hacen las empresas que reportan a la DGII y las demás unidades productivas que no les reportan, y más importante aún, las ventas reportadas a la DGII son medidas en términos nominales o unidades monetarias, mientras que el Valor Agregado se mide en términos reales, es decir, eliminando el efecto de la inflación.

Tercer Tiro

Por observación,  la falacia es el instrumento básico de los tartufos y sofistas. Un recurso esencial para demostrar una falacia son los datos, hechos y eventos que ella omite. Se sabe y se acepta que entre el crecimiento y los préstamos al sector privado hay una estrechísima relación, pero se oculta el dato de que entre enero y septiembre del presente año estos últimos  crecieron un 6.5%. Se sabe que el crecimiento también se mide a través del ingreso, el cual es igual a los sueldos, salarios y márgenes de ganancias de las empresas. Si el crecimiento real se midiera solamente a través de las ventas reportadas a la DGII, entonces  los ingresos registrados también deberían caer en la misma magnitud que caen las ventas.

Pero resulta que según la misma DGII, si se elimina el efecto de los ingresos extraordinarios del 2008, se comprueba que los ingresos totales crecieron en 13.1% durante el periodo enero-septiembre del 2009.

El pecado de Sísifo no fue simular con falacias, pero los tartufos y sofistas están condenados a la misma pena que él: en vano siempre intentarán convertir mentiras en verdades, y lo intentarán  una y otra vez, y hasta la Eternidad.