En la UASD hace falta diálogo

El paro de los profesores de la UASD persigue un objetivo que desborda las posibilidades financieras inmediatas de esa academia. Por demás, el método le resta un tiempo precioso a la preparación profesional de decenas de miles de jóvenes cuyas posibilidades de desarrollo depende exclusivamente de la academia del Estado. En esas circunstancias, la paralización hace daño por los cuatro costados.
La Federación de Asociaciones de Profesores de la UASD dice estar abierta al diálogo con las autoridades. Bastaría que la rectoría haga una propuesta que implique el compromiso de satisfacer las demandas de los docentes. Para que haya diálogo verdadero, el único compromiso debe ser procurar entendimiento y atender razones y argumentos valederos. Lo sensato sería levantar el paro y negociar.
Aunque el pliego de demandas de los profesores contiene 24 puntos, solo se les oye insistir en el alza de un 40% sobre sus salarios. A raíz de aprobado el Presupuesto General del Estado para este año, la UASD aspiraba a una partida sustancialmente mayor a la que se le ha otorgado para poder hacerle frente a todas sus obligaciones y necesidades. Los profesores deberían tomar en cuenta esta realidad y deponer el paro para ir a un diálogo franco y abierto. Tal vez ganen más con la razón que con la fuerza.

Tráfico de armas desde adentro

La detección de una red a la que se atribuye tráfico de armas y que operaba desde los mandos de Material Bélico de institutos castrenses, da una idea del grado de infiltración que habría logrado el crimen organizado en instituciones. Y aunque es digna de reconocimiento la investigación realizada en este caso particular y sus resultados, el asunto obliga a trabajar con más precisión y eficacia en la depuración de la oficialidad para ocupar posiciones claves.
Aspiramos a que la investigación que condujo a detectar las operaciones fraudulentas llegue hasta las más ocultas ramificaciones del negocio de tráfico y farsa legalización de armas de fuego. En aras de la seguridad ciudadana y de la protección de nuestras instituciones, es necesario aguzar más los sentidos para una mejor depuración y vigilancia del personal castrense.