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“De carácter vital”

Manejar un automóvil implica gran responsabilidad social. En general, ir al volante de un vehículo es una tarea agradable pero llena de riesgos. Probablemente por cotidiana se le considere mecánica, sin importancia y que no requiere cuidado. La exacta dimensión de esta percepción sólo surge cuando los accidentes provocan daños, muerte y cárcel.

El ciclo de herencia del carro, del padre al hijo, es más corto en cada generación, es decir, cada vez la progenie recibe su primer auto a más temprana edad. Cuando los padres obsequian o prestan carros a los jóvenes deben darles a conocer las implicaciones que conlleva manejar. Deben recalcar que el automóvil no es un juguete de adolescente, sino un medio de transporte con el cual se puede herir o matar, herirse o matarse.

Al riesgo inherente que conlleva conducir debe considerarse que estamos expuesto al infortunio de ser víctima de asalto o robo del vehículo. En esa ruleta de la mala suerte también se incluye estar en el momento y lugar equivocados.

Si bien hay una serie de variables exógenas incontrolables, lo poco que hagamos por salvar nuestra vida puede ser de carácter vital. El momento exige ser más sensato, evaluar constantemente la trascendencia de las acciones y tomar medidas que nos permitan convivir en armonia.

Es esencial considerar que:

  Ningún automóvil, por caro que sea, es más valioso que la vida. Al final de cuentas su pérdida total o parcial no debe ser motivo para arriesgarla.

  Si alguien no respeta su derecho de paso, déjelo pasar. Al no enfrentarlo, su prudencia le generará bienestar.

  Recuerde que un error lo comete cualquiera y que un insulto puede detonar la violencia de un desequilibrado.

Cualquier abolladura es solamente un daño menor. No la considere una ofensa personal.

  No responda insultos. Si un desconocido lo injuria piense cuán poca importancia tiene esa persona en su vida, como para valorar sus palabras.

Con estas acciones se dará cuenta de que podemos hacer cosas sencillas para sobrellevar el momento en el que nos encontramos, y en Automundo nos comprometemos hacernos portavoces de este mensaje. Maurizio Frigati Editor