En materia de austeridad, hay que ver para creer

Como casi todas las cosas tienen más de una interpretación, el tema de la austeridad que la cúpula, incluyendo la religiosa han clamado como solución al problema del país, sería muy bueno que se defina; y como no se trata de poner en dudas la resurrección, muchos entienden que en ese tema hay que ver para creer. Cada quien la entiende a su manera y algunos como forma de sacar ventajas.

Si la cúpula y el gobierno realmente entienden necesaria la austeridad, deberían comenzar a dar muestras claras y evidentes de ella, porque si se trata como se supone de eliminar todos los gastos innecesarios o no prioritarios durante un tiempo considerable, para arrancar el gobierno tiene en sus manos medidas sencillas, que darían muestras reales de decisión, como por ejemplo: ponerle tope al salario mensual de cualquier funcionario entre 350 a 400,000 y de ahí hacia abajo.

Recoger todas las jeepetas y vehículos oficiales de alto consumo y subastarlos; igualmente eliminar las asignaciones de gasolina a muchísimos vagos y gente que no rinde ninguna labor. Quitarle los vehículos a los que solo los usan para ir a su trabajo, pasear e ir de compras. Eliminar todas las tarjetas de créditos así como los gastos extras de cualquier tipo de funcionario. Los regalos y las fiestas. Los almuerzos y brindis. La propaganda de instituciones que no tienen sentido. Las nóminas, nominillas, “gomas”, etc.

Dejar sin efecto todas las asignaciones millonarias que se hacen a instituciones, muchas de ellas llamadas sin fines de lucro cuyas labores son desconocidas por la mayoría y dejar estrictamente aquellas que como los Institutos del Cáncer, Dermatológico, Rehabilitación, etc. rinden labores eficientes y conocidas.

Suspender todas las obras no prioritarias. Eliminar asignaciones que solo persiguen complacer determinados sectores, e incluso pensar en diferir los pagos de las deudas externas e internas, como muchas otras cosas de fácil aplicación.

Dar muestras fehacientes desde arriba de que hay austeridad. No venir con manidas medidas de apagar los bombillos y los aires de las oficinas a partir de cierta hora o de prohibir el uso de vehículos oficiales los fines de semanas, pues eso duraría hasta el 16 de agosto o hasta que se anuncie cualquier tormenta peligrosa. Tampoco congelar los salarios de los trabajadores.

El momento no es para hacer política, ni para que la cúpula le coloque la bola al gobierno para que la remate. Hay que tener mucho cuidado con la situación, especialmente aquellos que tienen la obligación de orientar al margen de la política y del gobierno, porque la gente está molesta y no se trata de cuestiones partidarias.

La austeridad supone la adopción de medidas extremas para apretar a los de arriba y aflojar a los de abajo. Quitarle un poco a los que tienen mucho, a fin de mantener un clima de paz social, dándole algo a los muchos que tienen poco o nada. Lo demás, sería palabras que se lleva el viento.