En medio de la guerra un disparo no se siente

Por más medidas de ajustes que anuncie el gobierno, por más propuestas que hagan los sectores empresariales y por más demandas de los grupos sindicales, especialmente en momentos en que la situación se pone difícil y con riesgo de empeorar o por lo menos sin verse asomar vientos esperanzadores, todo resulta insuficiente para las mayorías, porque lamentablemente las medidas oficiales, las propuestas empresariales como las demandas sindicales, con frecuencia caminan en sentido opuesto a las reales necesidades de los que solo tienen el recurso de la inconformidad.

Casi todo lo que se mueve en términos políticos es para paliar una situación, buscar un espacio de enfriamiento, prolongar lo más posible la situación para que no haga explosión. Resolver los problemas de los sectores que tienen representantes, voces y poder para que se les oiga. Darle alpiste a los grupos que ejercen presiones, pero no necesariamente con miras a resolver el problema de raíz.

Todo se visualiza poniendo parches con tela nueva a la ropa vieja. No hay iniciativas.

Todo se confunde con medidas importadas o extrapoladas. Lo que se hace hoy se hizo ayer para salir del paso.

Nada nuevo y creativo surge de la oposición, del gobierno, de los empresarios ni de los sindicalistas, porque todos ellos están bastante ocupados en sus propios asuntos. Unos para mantenerse, otros para llegar o volver. Unos para continuar ganando más, otros para mantener privilegios casi siempre en nombre de quienes no reciben sino un servicio cada vez peor.

Pocas personas tienen reales esperanzas de que las cosas, van a cambiar positivamente, y eso debería preocupar mucho más, tanto al gobierno como a los demás sectores con capacidad para hablar y ser escuchados.

Se hace necesario, especialmente por parte del gobierno adoptar medidas mucho más profundas y cuyos efectos lleguen hasta los más necesitados, no por la oportunidad de un trabajo ocasional, sino crearles esperanzas verdaderas, que es la única y mejor vía de poder transitar por un camino tortuoso y difícil como el actual, sin obstáculos que provoquen desvíos innecesarios. Este es un período donde los funcionarios y los propios empresarios deberían hablar menos y ser menos protagónicos. Dejarle espacios a otras voces con ideas nuevas, no las mismas que hemos escuchado a lo largo de nuestra historia y los resultados siempre han sido los mismos. Los ricos más ricos y los pobres mucho más pobres en cantidad y en soluciones.

Como dice una sabia enseñanza, en tiempos de guerra un disparo no se siente. Y hay guerra, la que vive a diario la gente que pierde las esperanzas. La que viven los sectores de la cúpula, pretendiendo aprovechar la posible debilidad oficial para aumentar sus privilegios. Y hay guerra, la que debe librar con valentía el gobierno, dosificando con manos firmes a los que han tenido todas las oportunidades y siendo generoso con los que solo tienen como aliado al Estado, que parece actuar como si se negara a si mismo.