En medio de un vecindario inestable, Chile persigue autonomía energética

SANTIAGO de Chile (AFP).- Rodeado de vecinos que poseen gas natural pero no ofrecen un abastecimiento confiable o se niegan a venderle por razones políticas, Chile decidió atacar su talón de Aquiles y conseguir la autonomía energética, para lo cual se autoimpuso un plazo de dos años.

Chile importa desde Argentina todo el gas natural que consume y utiliza para generar 47% de su energía eléctrica.

Hace dos años Argentina comenzó a recortar sus envíos a Chile para suplir una mayor demanda interna. De los 34 millones de m3 diarios que enviaba, el suministró cayó a 15 millones.

Al recorte se suma otro frente de conflicto: Argentina aumentó la semana pasada de 20 a 45% el impuesto que grava las exportaciones a Chile, más de lo que habían acordado en un principio, según el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet.

Más al norte, Bolivia no contempla vender su gas sin antes solucionar las diferencias históricas que mantienen rotas sus relaciones diplomáticas desde hace 28 años, por una salida soberana al Océano Pacífico.

Perú también tiene gas pero lo utiliza para su consumo interno y piensa en otros mercados antes que el chileno.

Con una economía que crece al 6% y una demanda energética que lo hace al 7% anual, Chile necesita urgente ampliar su matriz energética, que actualmente opera casi en exclusiva en base a hidrocarburos.

La presidenta Bachelet planteó recientemente un plazo de dos años para que Chile logre su independencia energética, en la perspectiva de que este “es un tema de Estado”. “En dos años más lo vamos a estar logrando”, dijo la mandataria.

Para muchos analistas el plazo es un duro desafío.

“No puede hacerlo en dos años. Se puede parchar en dos, pero una solución definitiva no va a ser posible”, dijo a la AFP el ingeniero Francisco Aguirre, de la privada Electroconsultores.

En su visión, Chile necesitará al menos cuatro años para lograr este objetivo. “Las decisiones ya se están tomando y a partir probablemente del año 2010 o 2011 Chile va a tener resuelto el problema energético”, aseguró.

“Hemos aprendido a golpes que no podemos confiar quizás en nuestros vecinos”, lamenta Aguirre. “Bolivia tiene una posición frente al tema, Argentina adoptó la suya y, por lo tanto, para resolver este problema, Chile tiene que arreglárselas solo”, explica.

Para María Isabel González, consultora en asuntos energéticos, Chile nunca va a ser del todo autónomo. “Independientes no vamos a ser nunca, porque no tenemos petróleo, no tenemos gas. Pero sí vamos a ser independientes del gas natural de Argentina”, afirmó.

“Es triste tener que pensar que no vamos a creer más en la integración, pero los resultados que hemos tenido en el último tiempo de una u otra manera obligan a pensar que tenemos que buscar otras alternativas”, añadió.

Aunque a su juicio “no es eficiente comprar gas, comprimirlo o regasificarlo si tus vecinos tienen gas”, a Chile no le queda otra alternativa.

La opción de recurrir al Gas Natural Licuado (GNL) la tomó el anterior gobierno del presidente Ricardo Lagos, tras el inicio de los recortes de los envíos argentinos.

La primera planta de regasificación de América Latina, que le permitirá a Chile traer gas desde cualquier parte del mundo, comenzaría a operar en 2008 en Quinteros, sobre la costa central chilena, con una inversión de unos 400 millones de dólares.

Las esperanzas están situadas también en la posible explotación comercial de los yacimientos de gas natural descubiertos recientemente en el extremo sur de Chile por la petrolera estatal ENAP y el impulso a las energías verdes.

La matriz chilena tiene actualmente cuatro sistemas energéticos, dos de ellos principales: el Sistema Interconectado del Norte Grande -que opera en un 60% con gas argentino-, y el Sistema Interconectado Central, alimentado en su mayoría por centrales hidroeléctricas y un 30% con gas natural.

Aunque en el norte el gas es fundamental, no se vive una crisis. En caso de que los envíos se interrumpan definitivamente, se barajan las opciones de instalar más plantas generadoras a carbón o una segunda planta de GNL.

Para fortalecer la matriz hidráulica se proyecta la construcción de cuatro grandes represas en la Patagonia, con una inversión de unos 2.400 millones de dólares, lo que rechazan ecologistas.

Pero para el senador y ex presidente (1994-200) Eduardo Frei, “Chile no puede desperdiciar la posibilidad de continuar desarrollando la hidroelectricidad”.

En un contrapunto Frei planteó una posibilidad hasta ahora inexplorada: “Si no queremos aprovechar nuestras riquezas naturales, entonces discutamos abiertamente la posibilidad de construir centrales de energía nuclear”, dijo.

Esa opción no aparece sin embargo en los planes del actual gobierno.